Microcuentos Tuiteros 82

Jessie Whittle en Flickr

Jessie Whittle en Flickr

No era un cine hiperrealista, era un incendio común en la sala.

El aceite saltó y empezó a freír la mesa, el grifo y las ventanas. Incluso soñando, era un desastre en la cocina.

Cuando la luz al final del túnel se volvió de colores, dejaron de temer por sus vidas. Tarde o temprano dejarían de alucinar.

Por más que cerró el libro, supo que su personaje había muerto en otras ediciones, en otros libros, en otras manos.

Y en medio de la tormenta cósmica, el llamado de su madre los hizo caer de la cama, regresar a la Tierra por provisiones.

Comentario sobre la amistad

“Quisiera tener un millón de amigos…

y que cada uno me preste 1 dólar”

 

Mi comprensión/relación con la amistad es extraña. Si me dejara llevar por los convencionalismos sociales, podría decir que tengo muchos amigos; pero claro, la vida no es tan simple, y por alguna razón, tarde o temprano se termina clasificando entre amistades verdaderas y… otras menos importantes.

Otra solución más fácil y menos existencialista simplemente sería poder decir si tengo o no tengo amigos. Menciono esto porque siempre estoy reflexionando sobre el tema, pues a veces siento que el tener amigos es una aspiración impuesta, como la búsqueda del amor. ¿Impuesta por quién/cuándo/dónde? Simple: a través la inmensa propuesta mediática que nos rodea. Hay todo tipo de productos culturales que promueven esos temas. Me gusta imaginar -no lo he buscado- que debe existir por lo menos una cultura donde se fomente lo contrario, que puede ser la soledad, o la misantropía… ¿una sociedad de antisociales?, sería divertida de ver.

Mi concepto de amistad ha cambiado varias veces, y todas tienen un mismo origen: que cuando era pequeño sí quería tener un montón de amigos. Y ahora podría decir que tengo, pero también podría decir que no los tengo. Aunque me guste ser amistoso,  compañero y colaborador, siempre me siento extraño con otro humano en momentos sentimentales, cualesquiera que sean. Y entonces recuerdo al niño que era, al niño que quería tener un millón de amigos. En ese entonces, probablemente era un deseo en respuesta a una realidad racista, en la que solo tenía uno o dos amigos. Claro que el racismo de mi infancia no era como el de otras épocas, pero yo era niño y de todas formas me dolía.

En fin, y ya para dejar de desvariar concluir, no sé si tengo falta de fe o de esperanza en el ser humano adulto. Porque eso de dar oportunidades es algo que no comparto, simplemente porque hay un montón de personas, y no vale la pena desperdiciarlas todas con una sola. ¡Hay  tantos extraños por conocer!

La trama (J.L. Borges)

Microcuento de Jorge Luis Borges

Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de la estatua por lo impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito.Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.

Bartleby, autor de Herman Melville

Stathis Stavrianos en Flickr

Stathis Stavrianos en Flickr

 

¿Por qué escribió Kafka?, ¿por qué sus palabras, entre otras de varios y diversos seres humanos, sacuden al lector? Estas interrogantes que introducen el ensayo, pertenecen al autor que se crea junto con ellas. Existe una firma de quien escribe, sí, pero es una necesidad formal, un ancla inevitable. Este autor se pregunta por qué escribió Kafka, para fundamentar la premisa que da nombre al ensayo.

Blanchot dice: Cuando Kafka escribe: “Él miraba por la ventana”, se encuentra en una especie de inspiración tal que esta frase ya es perfecta. Esto sugiere que son las palabras quienes hacen a los autores, y no al revés, como se cree comúnmente. ¿Qué mundo común es ese?, ¿acaso uno inculto, analfabeto, o marginal? No necesariamente. Ya que las palabras no solamente hacen autores, sino también lectores, y entre estos últimos, hay quienes leen La Transformación/metamorfosis como un libro más, y quienes, al despegar los ojos del libro, no vuelven a ver su  mundo con los mismos ojos.

Kristina Alexanderson en Flickr

Gracias a la lectura, no existe una fórmula para crear autores. Los autores de best-seller lo evidencian. Ellos mismos hablan sobre ellos -junto a sus lectores poco ambiciosos- pues saben que nadie más quiere molestarse. Hablan de trucos de magia para escribir, pues están en la cima de un pedestal que ellos mismos han inventado -o sus lectores-. Estos autores son mortales desde en el momento en que atrapan palabras y las estampan sobre una inocente página.

Los autores que se inventan a partir de palabras padecen una extraña relación con sus textos. Y la falta de imaginación ( esfuerzo) de los lectores del mundo, permite que existan varios libros atribuidos a una misma persona. En esas circunstancias, por un lado es creíble que Herman Melville haya escrito todos sus libros; y por otro, el autor de sus textos puede continuar vagando por el mundo, esperando encontrar una oreja atenta a su dictado. Cuando Melville escribe sobre Bartleby, es Bartleby quien inventa a Herman Melville. No a cualquiera; el Herman de Bartleby no es el Herman que todos conocen.

Retomando a Blanchot y la paradoja de una obra existente sin autor, y un autor que solamente existe a partir de ella, es posible cuestionar la pertenencia de los textos de Melville. ¿Son realmente suyos o en realidad pertenecen a las circunstancias en los cuales fueron creados? Mejor dicho, ¿por qué Bartleby inventó a Melville y no a otro autor? Porque ambos se han encontrado en la Nada, y de su encuentro, la novela es un testimonio indescifrable.

Se necesitaría otro Melville para desvelar, en la novela, las palabras de ese encuentro  memorable. ¿Cuál encuentro? Aquel que sugiere Blanchot, el diálogo entre dos voces: una que impulsa a escribir, otra que trata de contenerlo, haciéndole notar lo inútil de su trabajo. Una dice: No escribirás, seguirás siendo nada, guardarás silencio, desconocerás las palabras. La otra: Conoce sólo las palabras. Una necesidad, voluntad ajena a ambos, interrumpe su existencia y los atrae a la Nada, como se menciona constantemente en La literatura y el derecho a la muerte.

Vincepal en Flickr

Vincepal en Flickr

¿Lo escrito en la Nada se queda en la Nada? Evidentemente no: se hace público, y en este sentido, autor y obra se mezclan, conviven y desaparecen. La obra puede ser entendida como autora de su autor. El origen de esta dualidad de autores nace en el autor mismo, quien está escindido desde el momento en que escribe y se aparta de su texto. Aparece desde esa distinción entre el autor que crea, y el autor que habita al ser humano que vive, crea, y finalmente muere. Como es su derecho.

Fuentes:

Microcuentos Tuiteros 81

Finalmente se derrumbó la montaña, y todos los turistas cayeron con ella.

Llamada de socorro: De repente la tela no resistió, y el elefante se quedó sin palabras.

El lago reluciente, reflejando el cielo y sus pájaros. Nadie sospechaba del cadáver en el fondo.

Dejó atrás su pudor y su vergüenza, listo para unirse a la danza folklórica, pero los caníbales tenían otros planes.

Había seguido las instrucciones al pie de la letra. Con las fibras adecuadas, el caballo mecánico luciría menos mecánico.

Leonardo Uehara en Flickr

Leonardo Uehara en Flickr

Corhabana 2014 (la música)

Yo había escuchado de Corhabana recién este año. La posibilidad de viajar a Cuba se había hablado el año pasado, pero no sabía a qué festival íbamos a ir. Y claro, luego entendí la importancia de ese festival. Uno de mis directores me contó de su experiencia cuando fue con su grupo, hace muchos años. Lo que más me impresionó de los coros cubanos fue que todos se sabían las voces de todas las cuerdas.

A pesar de que no fomento ni practico el patriotismo, asumí la responsabilidad de formar parte del coro ecuatoriano que fue a Cuba, a un festival donde no había aparecido un coro ecuatoriano en más de 10 años. Como el arte se fomenta, se enseña y se practica bastante allá, todos los coros cubanos sobresalieron por encima del resto. No es de extrañar: ellos cantaban y agregaban gestos/bailes/coreografías, porque, obviamente, dominaban la música. De los que participaron, mi grupo preferido fue Camerata Vocal Sine Nomine, conformado solo por hombres que hacían todas las voces; inclusive, uno de ellos había hecho los arreglos de algunas de las canciones, entre ellas, Battle of Jericho, con toques de Jazz. Era un grupaso. De hecho, la directora solo dirigió dos que tres canciones; en las demás, ellos se dirigían solos.

Algunas canciones me resultaron familiares y canté en pp (pianísimo) la parte del Bajo. En dos ocasiones ciertos coros cubanos cantaron Juramento e invitaron al público a cantarla, y por supuesto que me uní. Era a un ritmo más lento del que conocía, pero al final terminé acoplándome. Los lugares de los conciertos contaban con aire acondicionado -afortunadamente, pues el calor era insoportable-, y todos tenían muy buena acústica, gracias a la arquitectura de los establecimientos. Un cubano nos dijo que Juramento era como el himno nacional de Cuba. Yo pensaba que era esta canción:

Además de los conciertos de los coros, hubo una cena/fiesta de integración/bienvenida, pero sinceramente creo que faltaron más actividades integradoras. Hubo talleres de música cubana y música del Romanticismo Alemán. En los talleres cubanos sacamos 2 canciones por día (6 canciones) en menos de 3 horas. Lamentablemente no pude asistir a los talleres de la música alemana, pero por lo menos me quedé con las partituras. Estar expuesto a tantos días de música de excelente calidad, es algo que extrañaré bastante. Además, gracias a la brisa del mar, las voces de todos nosotros fluían bastante y aumentaba nuestro registro tanto grave como agudo. ¡Podía hacer de tenor! Nos invitaron a volver a participar, y espero poder regresar con alguno de mis coros.

pd. Aprendí cómo dar un aplauso fuerte cubano, y 2 aplausos y medio colombianos ;)

 

Coro Enkanto (los que fuimos a Cuba)

Coro Enkanto (los que fuimos a Cuba)

Corhabana 2014 (el viaje)

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La primera vez que tuve la posibilidad de ir a Cuba era un niño, y no pude ir porque estaba estudiando, y claro, a esa edad los estudios son muy importantes. De ahí, jamás me llamó la atención visitarla. En el colegio volví a pensar en Cuba debido a su situación socialista. Nunca fue uno de mis destinos turísticos predilectos. (Mmm, de hecho, fuera de Praga, no he considerado seriamente visitar otros países).

Me informé lo más que pude antes del viaje. Pregunté a mis parientes que ya habían, a conocidos… pero nadie pudo satisfacer mis curiosidad. Nadie tenía una imagen de la Cuba actual, pues habían viajado hace años. Entonces recurrí a la Internet y junté información de páginas y blogs. Debo decir que los blogs fueron de mucha más ayuda. En varias partes recomendaban llevar repelente; lo llevé, pero los mosquitos fueron el menor de los problemas: el principal fue el calor. Todas las páginas webs recomendaban visitar Cuba en la temporada fresca, ‘fría’, y es por una buena razón: en verano, el calor es insoportable. Demasiado, demasiado insoportable. (Aún más para mí, que soy de una ciudad fría donde casi nunca me abrigo).

Como nuestro director había ido previamente a Cuba, nos recomendó hospedarnos en los cuartos que se alquilan allá. No es lo mismo que quedarse con una familia, pues era como hotel: solo íbamos a dormir allá, nunca hubo verdadera convivencia, más que un par de conversaciones. El lugar donde estábamos era medianamente turístico; a un par de cuadras estaba la zona verdaderamente turística, con taxis, bicitaxis, buses de city tour, locales comerciales, bares, restaurantes… Debo confesar que yo tenía otra imagen de la Habana, creada a partir del par de fotos que vi en Internet. Seguramente pertenecían a una zona que no estaba dedicada al turismo.

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Mi percepción es incompleta porque no pude conocer mucho; no teníamos mucho tiempo: de mañana había talleres, y de tarde conciertos y/o presentaciones. Por supuesto que regresaré en otra ocasión, cuando sea la temporada ‘fría’, dispuesto a conocer mejor la Habana, y asistir a las obras de teatro y demás exposiciones de arte. (Cuando fuimos había una exposición de Da Vinci, pero no llegué a asistir). Por la arquitectura bien conservada -en su mayoría-, despertar y caminar por la Habana me daba la impresión de estar detenido en el tiempo. La arquitectura, los coches de los años 30, 40, la tranquilidad de la gente… todo el ambiente contribuía a crear una sensación de estar en un tiempo pasado.