Ser único… y escribirlo

Para escribir se necesita ser único, y olvidamos que lo somos gracias a los medios de comunicación masivos y otras distracciones.

Wolfsoul en Flickr

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¿De qué nos distraemos? Del mundo, de las personas, y finalmente de la única verdad: no hay una sola realidad, y por eso se puede escribir sobre cualquiera de ellas. Es gracias a la diversidad de realidades que el arte subsiste, bien porque nos deslumbra, o bien porque pone frente a los ojos las miserias que el poder siempre trata de ocultar.

Claro que no se necesita ir a extremos para crear algo significativo. Basta con dejar a un lado palabras como normal y raro. No son palabras que se dejarán de usar de un momento a otro; es todo un proceso. En mi caso fueron años… no sabría decir cuántos. Una vez que se deja de pensar en lo normal y lo raro, se empieza  a nombrar las cosas simplemente según la perspectiva propia. Y los adjetivos y los adverbios comienzan a fluir.

Kapungo en Flickr

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Tener el valor de escribir lo que sentimos, sin prejuicios, sin temor a equivocarse, ahí radica el primer reto literario.

Microcuentos Tuiteros 84

Stephanie Carter en Flickr

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  • Al final cambió de tantos brazos, que la guitarra olvidó a su primer músico.

 

  • Despertó, corrió hacia la ventana con la sonrisa lista, pero solo había sido un sueño: la luna no había regresado.

 

  • Sonreía al salir de la ducha, hasta que un par de gotas cayeron sobre el espejo. Su reflejo lloraba, y ella lloró con él.

 

  • Era perfecta, según la computadora, pero la sonrisa que soñó había sido tan hermosa que él también había vuelto a sonreír.

 

  • Tras el concierto, se quedó con ganas de seguir golpeando, algo, alguien. Pero una uña rota le recordó toda su sensibilidad.

El recuerdo garantiza el olvido

Antiguo ensayo universitario basado en Funes, el memorioso

Hace varios, varios años, yo tenía miedo de leer a Borges. Sentía unos prejuicios ajenos, que interiorizaba por repetición e ignorancia. Funes, el memorioso me quitó ese miedo; trataré de explicar esa maravillosa experiencia.

La narración del cuento es en primera persona, y eso es un gran atractivo, pues de entrada se rompe la distancia entre texto y lector. El origen de este distanciamiento se debe a los teóricos anteriores a Ricoeur, quienes consideraban literarios solo los textos que cumplían determinados requisitos. Ellos olvidaban una de las razones principales de un texto: si no es leído, no existe. Dejando atrás el romanticismo de esta frase, en realidad hay varios elementos que destacan y explican el involucramiento de lector y texto. Por mencionar algunos, las imágenes o las metáforas descritas en el cuento.

Gisela Giardino en Flickr

Gisela Giardino en Flickr

Aún antes de formar una imagen, la reiteración de una palabra basta para generar sensaciones. Por ejemplo, al hacer repetir a una persona la palabra blanco en reiteradas ocasiones, cuando le preguntan ¿qué bebe la vaca?, frecuentemente responde leche. Funes, empieza con Lo recuerdo y usa el verbo en numerosas ocasiones durante el primer párrafo. Su uso disminuye paulatinamente hacia el final del cuento. Esto, sumado al narrador en primera persona, pone al lector frente a una persona aparentemente despistada. Conforme transcurre la historia, esta impresión cambia por la de un sujeto que conoció a alguien con una capacidad inusual: no olvidar. Una frase habría bastado para expresar su fascinación por Funes, pero -y ahí lo literario también depende del autor- esta se entiende cuando el narrador comienza su historia, e inclusive se muestra indigno de usar “recordar”: “Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto)”.

Como si esto no fuese suficiente para captar al lector, inmediatamente se lo hace partícipe, al mencionar que será uno de los editores que revisará el volumen que reúne los testimonios sobre Funes. Este carácter testimonial del cuento le da estructura y facilita su familiaridad con el lector. La imagen más fuerte del relato es sin duda la capacidad de Funes de retenerlo todo. ¿Todo? Pues sí: ¿para qué encender la luz del cuarto, si ya se sabe dónde está todo, y cualquier cambio queda registrado en la memoria? Esta cualidad tiene dos referentes, que se explican en términos de marco y foco.

Como Marco funciona la Humanidad que alaba la capacidad de retener conocimientos. Una computadora posee una mayor retención de información, y sin embargo, están muy lejos de ser independientes y mostrarse rebeldes y aniquiladoras, como en ciertos filmes de ciencia ficción como Terminator o Resident Evil. Memorizarlo todo significa cambiar el saber de recipiente, pero antaño, más que significar, era una garantía de inteligencia en las escuelas. El foco lo da Borges, al preguntarse y contestar en forma de cuento, ¿qué pasaría si alguien recuerda todo?

Tras terminar el cuento, se pueden agregar acotaciones a la respuesta de Borges: ¿perderíamos nuestra capacidad de asombro?, ¿encontraríamos la intertextualidad en todo lo que nos rodea? Me pregunto eso porque el narrador de Funes… no sugiere ninguna característica que lo destaque. Por el contrario, el narrador menciona su insignificancia. (Me pregunto qué hubiese conversado con Funes. O, imaginándome en su lugar, y dada mi fascinación por el cine silente y la literatura clásica, pienso si me pasaría mi vida buscando todo lo antiguo, original. No solamente por cuestión estética, sino porque necesitaría siempre encontrar algo cada vez más antiguo; probablemente me sería imposible repetir y disfrutar un buen libro o filme).

Three Legged Bird en Flickr

Three Legged Bird en Flickr

Además de los significados provocados por la impresionante imagen de conocer a alguien que no podía olvidar, hay otros que pueden ser reconocidos como parte del estilo de Borges. En Funes…, es la comparación entre Funes y Zarathustra: Funes, precursor de los superhombres, un Zarathustra cimarrón y vernáculo. ¿Comparación? Más bien razón del cuento: no era una pregunta de Borges, sino una interrogante de Nietzsche, en la cual proponía imaginar un hombre sin el poder de olvidar. Este hombre, dotada de una memoria incorruptible, existiría en un limbo, lejos de lo humano imperfecto, víctima de su dualidad, pues ya es perfecto en algo. No es inmortal, pero ha perdido su humanidad.

De Borges se dice que no hay casualidad en sus textos. Descubrir la referencia de Nietzsche, es reconocer la habilidad de Borges para dirigir sus textos a varios niveles de lectura. Todos tienen la capacidad de disfrutar con un cuento de Borges, basta colocar el texto adecuado frente al lector adecuado. Si un lector no descubre la referencia a Nietzsche, puede encontrar otras explicaciones a “precursor del superhombre”. Súper intensifica una cualidad, ¿qué se intensificaría en el caso del hombre? Responder esto sin filosofar al respecto, significaría pedir socorro al manual de diversas instituciones religiosas (libros santos), pues, ¿cuál es nuestro origen?, ¿de dónde venimos? Esta pregunta existencial no es lanzada delirantemente, aunque así parece, por encontrarse al límite de las sensaciones producidas por el cuento. Si Funes encontraba soso su hábitat, pues todo le resultaba conocido, ¿por qué no migrar a otra parte? Es cierto que el peso de los recuerdos era insoportable, pero si elegía un camino peligroso, podía encontrar una mortal sorpresa, y ser feliz mientras alguien lo asesina, porque al fin ha llegado al último recuerdo.

En conclusión, en tanto Funes no puede olvidar, tampoco es creíble que recuerde, porque recordar significa rescate, y la memoria de Funes es un presente siempre disponible.

Microcuentos Tuiteros 83

  • A pesar de que el color y la temperatura eran adecuados, los humanos sabían que eso no era el sol.

Declaración: No le dijo que no lo amaba, solo retiró su mano y sonrió antes de levantarse.

  • No tenía un destino, solo su voluntad, y eso le bastó para seguir remando, lejos de quienes le prohibían ser capitana.
  • Iba a ahogarse cuando alguien atrapó su mano, la sacó del agua, le devolvió el aliento. Nunca pudo agradecer al ángel negro.

Sergio Pili en Flickr

Sonrisa: La esperaba afuera del restaurante, con un ramo y sus mejores sentimientos, pero ella fue directamente con su esposo.

 

 

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El agua alrededor del monstruo marino estaba roja en su totalidad. Apenas quedaban algunos hombres, y la bestia no parecía debilitarse. Pensó en apuntar a los ojos. Seguramente, si no podía verlos, la bestia no podría esquivar, ni mucho menos defenderse de los ataques. Sí, tenía que apuntar a los ojos. Pero el tentáculo fue más rápido, y le arrancó la cabeza.

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Despertó, sobre el suelo. El cuerpo le dolía, mas no había rastros de sangre. Se levantó lentamente y se sacudió el polvo de la ropa. El camino de tierra le resultó familiar así que siguió andando. No estaba muy lejos de casa. No dio ni dos pasos cuando sintió que olvidaba algo. Volvió, recogió la botella de tequila y siguió andando a su casa. La fiesta había sido un éxito.

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Parecía una reunión familiar, o un encuentro de amigos. El ruido de conversaciones y risas se esparcía por todo el lugar y hacia cada rincón. Cuando hablar no era suficiente, alguien se levantaba y presentaba una pantomima. Todo era algarabía hasta que llegó el director de la orquesta. Cada cual recogió su instrumento, y siguieron con el ensayo.

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Supo que se había perdido cuando quiso escuchar a sus compañeros y no percibió nada más que los sonidos del bosque. Cuando las ramas del árbol más cercano lo atraparon, sus gritos tampoco fueron escuchados.

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Después del beso, la noche le resultó menos amenazadora, y de su amor quedó un cadáver sonriente junto a un contenedor de basura.

El gesto de la muerte (Jean Cocteau)

Microcuento de Jean Cocteau

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahán.El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahán esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahán.

Anécdotas literarias

  • del colegio…

Para no quedarnos en exámenes supletorios de Literatura, solíamos filmar con mis amigos  escenas de La Ilíada y La Odisea. Usualmente íbamos a un parque (parque Metropolitano) a grabar las escenas de las peleas, y en alguna casa grabábamos otras escenas. Más que fieles, los vídeos eran inspirados en esos clásicos de la Literatura. La pasábamos divertido. También hicimos un radioteatro del viaje de Colón a América, y dramatizamos entrevistas a algunos autores del Siglo de Oro Español.

En cierta ocasión gané un concurso de ortografía colegial, cuyas reglas fueron modificadas en mi beneficio por un profesor que me apreciaba. (El mismo profesor que me hizo leer Bartleby, el escribiente). O capaz lo hizo para burlarse del sistema. Fui eliminado dos veces pero volví y gané a la tercera. El premio incluía un par de esferos con tinta de gel; desde entonces me encanta escribir con esferos de colores. (Ahora la pensión del colegio ha incrementado radicalmente, y espero que ahora sí den buenos premios).

  •  en la universidad…

Una de mis profesoras de Periodismo siempre me ponía bajas notas en mis noticias, pese a mi investigación y buen criterio. Un día ya me cansé de tanto fracaso y me inventé la noticia. Me fue excelente. Por eso digo que un escritor que escribe noticias hace trampa; es fácil para él. En otra ocasión, la profesora me decía que saliese de la clase si tanto quería leer. Dicho y hecho, la siguiente clase me quedé afuera, leyendo. Para mi sorpresa, salió la profesora y me hizo entrar (¿!).

Otra profesora, de Análisis y Redacción de Textos, tenía una buena idea de mí, pero mis notas desmentían su creencia. Su fe estaba a punto de desaparecer antes del examen final, pero entonces pidió textos creativos a la clase. Le llevé este cuento y exclamó: ¡Usted tiene la vena de escritor! :)