La muñeca

Me la habían descrito tantas veces que mostrarme su fotografía fue redundante. Ahí estaba el vestido celeste, los zapatitos negros, el moño… lo sorprendente fue la ausencia de la sonrisa infinita y sus ojos apuntando al cielo. No voy a decir que no esperaba con ansias su llegada. La primera vez que me hablaron de ella, mamá tuvo que golpearme varias veces para mantenerme despierto. A la tercera o cuarta ocasión ya ponía atención a los detalles. Inclusive pedía más información, como si fuese una historia a la que podía inventar un final. Todo cambió con la posibilidad de verla en vivo. De repente me cansaba de leer sobre el sofá, y me descubría migrando hacia otros asientos, otros suelos. Entre lectura y lectura, dejé un rastro de migas y tierra. Fue un mal hábito que perdí apenas mi madre sacudió su índice frente a mí. Estaba recogiendo las migas cuando la oí gritar de alegría. Tomé aire, limpié mis manos contra el pantalón y caminé hacia la sala, disimulando mis temblores. Mamá tuvo que empujarme para devolver el saludo. Me habían hablado tanto de ella, pero sólo ahora comprendía su tamaño. Era tan pequeña, muy pequeña. Era…  una muñeca muy grande. Y de hecho cuando quise tocarla, mi madre se interpuso en mi camino, sin quitar la vista de su hermana. Ve a jugar con ella, dijo mi tía. Yo no juego con muñecas, empecé a decir, hasta que la muñeca me guiñó un ojo.

11-15

11
Ella, que había atravesado desiertos y recorrido montañas, volvió a la ciudad por obligación. Lo inhóspito no fue el ruido ni las megacontrucciones, solo los ciudadanos.

12
Parecía que estaban de regreso. Una pequeña sombra dentro de una inmensidad celeste. Al acercarse, se dieron cuenta de que solo había una persona. El padre no había sobrevivido.

13
Habían acordado no despedirse con palabras. Al finalizar el baile, cada cual salió por una puerta diferente.

14
Su primer concierto había sido todo un éxito. No fueron muchas personas, pero las que estuvieron no ocultaron su emoción. Una vez en la casa, fue a poner el violonchelo en el puesto y le dio las gracias. Cuando iba a apagar la luz, el violonchelo le contestó.

15
Al finalizar la audición decidió dejar el baile: se había caído varias veces, era evidente que lo suyo no era bailar. Nunca supo que la pista estaba maldita, y cada año perdió su interés por la vida. Era evidente que vivir no era lo suyo.

Microcuentos Tuiteros 73

Cruce de miradas: En el futuro que él miraba había besos y salidas. Ella no veía ningún futuro, solo esperaba bajar del bus.

Parecía un sobreviviente, y se acercaron, hasta que la última capa de piel desapareció. Nadie pudo huir del extraterrestre.

La exhibición de humanos comenzó a perder su atractivo conforme perdía sus humanos: no se reproducían en cautiverio.

Se creyó que la sangre en la vasija era parte de un rito, no se sospechó que alguien murió tratando de salvarla.

A pesar de la fetidez y el hambre, los humanos afortunados eran los que permanecían un día más en la jaula.

Madhan R en Flickr

Anónima

Tenía la mano en la puerta cuando decidió regresar a la fiesta. Contó cada paso de regreso para recuperar la noción del tiempo. En cada pisada había docenas de hombres asesinados en noticieros y películas. 9, 10, 11… El baño debe estar cerca de aquí. Lo halló antes de alcanzar los 30 pasos. Una vez en el baño, recordó que llevaba tacos y que los pies le dolían. Entonces se encendieron sus sentidos. Le llegó la pestilencia del lugar, los sudores de la fiesta, el ruido… Se puso frente al espejo, apoyando las manos en el lavamanos. Sus tacos negros estaban bien, la falda negra estaba en su puesto, también la blusa. Contempló sus pulseras durante un momento. Cuando se abrió a puerta, automáticamente empezó a lavarse las manos. No hacía falta, no había sangre en ellas. Solo tenía el cabello un poco alborotado, como si hubiese pasado la noche entera bailando. Dejó escapar una pequeña risa y ella también huyó por la puerta, volvió al anonimato.

Marceau R en Flickr

Conociendo a Chenoa

Antes era un poco grosero y burlón cuando me recomendaban libros/películas/grupos musicales. Simplemente me reía y negaba con la cabeza. Y eso era lo más saludable que podía hacer, pues hubo una breve temporada en que sí me tomaba el tiempo para explicar por qué no deberían recomendarme cosas.

Ahora no. Hoy en día simplemente digo lo intentaré, y dependiendo de la persona, tomo nota de su sugerencia, o la olvido apenas me da la espalda. Antes sabía reírme apenas alguien mencionaba a Coelho, ahora, he aprendido a ser más respetuoso y me limito a decir, no sin ocultar una sonrisa: Yo leo otras cosas.

En la música, por esto de leer y escribir bastante, soy muy exigente con las letras. Muy exigente, a menos que la voz y la interpretación sean realmente fabulosas. Lo suficientemente extraordinarias como para no prestar atención a las palabras. Pero siempre estoy dispuesto a atreverme a conocer más, aunque sea para dejar un libro incompleto, una canción a medias, un filme sin terminar. Y ahora sí, concentrándome en Chenoa, les contaré las circunstancias en las que la escuché.

En resumen: en una reunión casi familiar me hice con 4 gigas de música casi desconocida para mí. Por supuesto, tenía reguetón, la bachata que tanto odio cuando estoy sobrio, la cumbia que no me gusta, junto a los éxitos de 2012, las baladas forever, del recuerdo… En fin, era una mezcla musical contundente, y yo vi eso como mi oportunidad de adquirir y conocer ese mundo musical que rodea mi contexto.

De a poco, bueno, no de a poco, tuve varios inconvenientes de formato de archivo; a lo largo de estos meses he escuchado esas canciones, he borrado poco a poco las que simplemente no quiero volver a escuchar voluntariamente. Una vez oí una hermosa voz que mediaba entre lo grave y lo agudo, pero no le presté demasiada atención… ¡creí que era un artista que ya tenía en mi biblioteca musical! Pero no la volví a oír, y eso me hizo pensar que seguramente pertenecía a ese grupo de canciones desconocidas, y para encontrarla debía oír archivo por archivo.

Por supuesto que no hice eso, mas cuando volví a tener la fortuna de escucharla, inmediatamente revisé el nombre de la artista. Chenoa. Aún contuve mi entusiasmo, pues hay varios cantantes que suenan de lo lindo en un disco, y en vivo son todo un terror. Entonces la busqué en Youtube, vi sus vídeos en vivo, y ahí sí ya no contuve mi entusiasmo. ¡Tengo otra cantante favorita de voz grave junto a Ella Fitzgerald, Imelda May, Fiona Apple y Amy Winehouse!

Sé que hay cantantes mujeres con voces más graves, pero esas ya me intimidan un poco.

pd. Menciono lo de voces graves porque, no sé si en todos los coros, pero por lo menos en los que he participado, el hecho de de que las voces agudas (sopranos y tenores) generalmente canten las melodías, hace que las voces graves nos juntemos en un sentimiento de solidaridad y afecto sincero.

Esta fue la canción que me hizo descubrir a Chenoa:

 

6-10

Delirio

Abrió y cerró los ojos varias veces pero el tren no desapareció. Estaba atrapada y con destino desconocido. O simplemente atrapada en su cama, bajo la cobija, presa de la fiebre.

Esclavitud

Y tras la firma de autógrafos, el falso escritor regresaba casa, y descendía al sótano donde aguardaba el verdadero escritor, encadenado y con los dedos suficientes para escribir.

Superviviente

Y una vez más, el dragón supo imponerse con sus garras, su rugido y su furia. Su fin estaba cerca, hasta que los demás descubrieran que se había quedado sin fuego.

En paz

Nada como un humano para el desayuno, exclamó el gigante, pero ya no había nadie para saciar su apetito, ni nadie que lo atendiera. Y se quedó ahí, viejo, sentado hasta volverse de piedra.

Nacimiento

El pequeño tenía los ojos del padre, el rostro de la madre, y los genes de varias generaciones de superhéroes, pero no había salido a ninguno de ellos. No tenía poderes, y sus latidos se debilitaban a cada segundo.

¿Este texto ha caído en sus manos espontáneamente?, o ¿ha sido el resultado de un ritual de convocación?

Empiezo este ensayo con la pregunta que no nos hace un texto, así como la obra es una respuesta a una pregunta inexistente. En ambos casos, la voluntad aparece como un juego: el texto depende del autor para existir, y al mismo tiempo, no es tal si todo el mundo la ignora. Algunos autores dicen ser los responsables de sus obras, como si ostentaran un título. A esos autores les gusta escribir y así se ganan su vida.

¿Su vida?, no, al contrario, con ese dinero adquieren productos a los cuales no tenían acceso. Y así se trasladan de una instancia creadora nativa del continuum, a una comercial. Otros, en cambio firman sus obras y las ponen a la venta con el recelo de perder una pertenencia. A veces obtienen una fortuna que no hace sino complicar su vida, y desnivelarla en contextos nunca pensados. Por desnivelación me refiero a que ellos, al momento de llamarse autores, están estableciendo claramente a dónde no pertenecen. Y obviamente, con el dinero, vuelven a colocarse sobre otros autores con menos dinero.

No quiero decir que estos sean todos los tipos de autores, apenas una mera clasificación. En tercera y última categoría están aquellos autores con el corazón o la mente escindidos. Estos autores difieren de los anteriores, por el simple hecho de sentirse a la vez culpables e irrelevantes sobre sus obras. Ellos se llaman escogidos, escogidos por la obra para existir. Dicen que ellos no la hicieron, que ella los escogió. Estos autores actúan como catalizadores de una instancia creadora del continuum hacia la sociedad.

En lo referente al texto, ¿existe sin el el lector o sin el autor? Dada mi explicación sobre los autores como mediadores, no hay texto sin lector. Así que la importancia o validez de una obra, son sus lecturas, no el número de lectores. Lector puede ser cualquier sujeto alfabetizado, pero una buena lectura aniquila totalmente al autor, y reproduce la obra. La obra es inmortal, está antes y después del autor.  Sin lector no.

Pierre menard solía llevar un cuaderno y hacer una alegre fogata. ¿Qué significa este absurdo de escribir y quemar? Puede refutar al lector (pues la obra ha sido y ha expirado) y al autor, la obra surge por su voluntad, y por lo mismo decide cuándo expirar.  En conclusión, el encuentro entre lector y texto es un juego de voluntades invitadas a jugar por el autor. Él solamente reparte unas cartas que nadie agradece. Es su juego, pero no puede jugarlo.