Hoy es igual al ayer de mañana

Un cuento escrito en mis tiempos de universitario… no recuerdo muy bien la anécdota que lo generó. No me pasó a mí, ni le pasó a nadie, pero algo pasó, tal vez una charla, un desencuentro, o algo que desembocó en esta, digamos, ¿hipótesis?

 

hoyesigualalayerdemanana

Una historia de Oseofilia

Theen Moy en Flickr
Theen Moy en Flickr

Oseofilia: Excitación sexual por los huesos humanos de una persona.

 

Le había ido bien en el trabajo, no excelente, pero por lo menos le quedaban ganas para asistir al siguiente día, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente… La crisis existencial le llegó en la cama, mientras trataba de dormir. Sentía odio, dolor, tenía rabia… y parecía ponerse a llorar en cualquier momento. Raro, raro, raro, palabra que no parecía retumbar en su cabeza sino en todo el cuarto. Se levantó de un salto. Apartó las sábanas y corrió a su armario. Extrajo el hueso de su ser querido, lo acarició durante unos instantes. Iba a tocarse pero se contuvo. El esqueleto perfecto aún no estaba terminado, aún había muchos más huesos por recolectar. Sonrió.

 

 

Reto Literario: Parafilias

Cierta ocasión en la universidad un estimado profesor me planteó escribir un microcuento para cada parafilia. Eso siempre estuvo rondando mi cabeza, y finalmente me he decidido a escribirlos. Esta decisión responde, más que a una falta de ideas, a una falta de voluntad. Y de ánimo. En fin. Hago esta aclaración por si alguna ingenua mente no distingue entre la ficción y la realidad del autor. Todas las historias de parafilias que escribiré no son más que el producto de la investigación y la imaginación. Si eso hiere susceptibilidades, por favor, cierre la pestaña y vuelva a su mundo perfecto y rosado :)

matthileo en Flickr

Cuando el dinero atraviesa al ser humano (parte 1)

Ensayo basado en El jardín de los cerezos, comedia de Anton Chèjov

El dinero siempre es bien apreciado por la humanidad. En abundancia, puede despertar la virtud o la corrupción. La riqueza puede servir de trampolín hacia el cumplimiento de grandes propósitos, o un ancla que reduce al ser humano, a un simple ser instintivo. Al parecer, al dinero se maneja con la cabeza o con el corazón. Resulta interesante y agradable que se use el humor para hablar sobre la convivencia con el dinero. Digo convivencia, porque el dinero no hace la vida, pero está presente en el camino hacia la muerte. Aún más en el caso de existir en sus extremos, como pobre o multimillonario.

En el primer caso, la pobreza enfrentará al ser humano, y, dependiendo del resultado, forjará tal o cual persona. Un digno ejemplo a seguir, o la más vil de las lacras. En el caso del multimillonario, el dinero puede financiar sus fantasías, caprichos… y, como sujeto público, tanto si es altruista como pervertido, el mundo hablará de él. En el pobre, la convivencia con el dinero se rige por su escasez, y en el millonario por su abundancia. Y en ambos casos, el cambio de naturaleza afecta, trastorna al ser humano. El jardín de los cerezos cuenta ese cambio, el de una terrateniente que pierde su dinero y su prestigio social.

epSos.de en Flickr
epSos.de en Flickr

Gracias al humor, el desenvolvimiento de la historia no es una lectura lacrimosa, sino una experiencia agradable y extemporánea, pues se adapta a las condiciones sociales del ser humano sin importa el tiempo de quien lee. Andréievna Ranévskaia, la terrateniente, es el eje alrededor del cual giran los demás personajes, cuyas particularidades dotan de hilaridad al relato. Y todas, en mayor o menor medida, se diferencian por cómo hablan sobre su economía, cómo la administran o extrañan. En ellos se ve cuándo el dinero es administrado con la razón o el corazón.

Aunque se ignora toda la infancia y juventud de Andréievna, se puede deducir que tuvo una vida cómoda, sin precariedades. Y sin preocupaciones sociales, pues la familia no se interesaba por la gente, salvo cuando ésta admiraba su jardín, y, comentando su belleza, esparció su fama por toda Rusia. La constancia de este confort aristocrático, se evidencia al conocer su reacción ante la muerte de su hijo. Andréievna no fue víctima de alguna terrible depresión, psicosis o trastorno semejante. Se puede imaginar que tuvo un sufrimiento privado, cuya resolución fue irse de viaje. No obstante, lo que podría interpretarse como un viaje de descanso y alivio, pierde valor frente al destino que elige.

Andréievna no viaja a una playa desierta, ni busca una montaña solitaria, o algún paisaje quieto, frondoso, apacible… Entre todas las rutas imaginables, accesibles a su clase, elige París. La elección de esta metrópolis concuerda con las maneras de pensar y sentir de Andréievna. Sumada a la pérdida de su hijo, está el desplazamiento de su clase social. Su viaje a París es un privilegio que se otorga, con lo cual deja clara la diferencia entre ella y quienes simplemente visten como aristócratas, pero no se permiten semejante destino.

 

 

MIcrocuentos Tuiteros 93

La gente no se inmutó. Echaron la culpa de los sonidos y el movimiento del basurero a las ratas. Nadie rescató al cachorro.

Carnicería: había sido un activista del canibalismo. Ahora solo era un cadáver y un documento de identificación.

Tenía el abrazo preparado, tibio, amoroso, pero la timidez fue más fuerte, y quedó paralizado de amor.

Ni tempestad ni aproximación de luna: simplemente el mar reclamando sus vírgenes.

A. I. (encuentro cercano)

-Voy a salir…
Para salir -comento- primero tienes que estar en algún lugar…
-Ay. No. Quiero decir que, cuando lleguemos, voy a salir.

Podría decirse que camino sus pasos: ella avanza despreocupada de sus pies. No recuerda que ha tropezado más diez veces, y aún no llegamos a casa.
-¿Con quién conversas?
Contigo, le respondo.
-Sí, ¿pero con quién!

Su risa no sale, ¿debí reír su pregunta? Pienso frases y gestos que tampoco ocurren, esforzándome por no tropezar. Mis dedos se enfrían en su mano. Otro silencio. Entre tararear una canción o conversar, volteo la cabeza y descubro que sonríe. Piso un chicle sin dejar de mirarla. Ella inclina la cabeza; sus labios tiemblan. ¿Está sonriendo una mueca?, ¿oculta el temblor de sus dientes?

Magdalena Roeseler en Flickr

-¿Cómo me llamo?, pregunta en tono alegre, mas desafiante.
No estoy tan distraído, respondo amenazándola con el índice: Ai.
-¡Qué?
A.I. … ese fue el nombre que dijiste. Al siguiente pestañeo desvía su mirada. Acelera el paso. Pienso los posibles argumentos para este nuevo silencio:

  • Ella también se percató del crepúsculo.
  • La calle no es lugar para conversaciones domésticas.
  • ¿Se molestó conmigo?
  • Todas las anteriores, más el temor de ser seducida hasta el bar más cercano.

-Mañana te espero en la casa, dijo deteniendo un automóvil en cuyo asiento delantero le esperaba un abrigo. A modo de mano, nos dimos las despedidas.

Comentario sobre las notas suicidas

No voy a hablar aquí sobre los orígenes del suicidio. Tampoco quiero abrir un espacio de debate sobre lo bueno o malo que pueda significar el suicidio. Imagino que en algún documento histórico habrá una referencia… Basta dejar la religión a un lado y reflexionar seriamente al respecto. ¿El primer suicidio habrá surgido realmente de una necesidad de terminar con uno mismo o habrá respondido al impulso espontáneo de dejarse matar?

En fin. El título del post dice Comentario… así que eso haré; me limitaré a comentar sobre un par de notas suicidas que he leído y que aún recuerdo… vagamente. (Por eso no pongo enlaces :P )

No leo las despedidas suicidas con morbo. Personas nacen y mueren constantemente cada segundo de cada día; si alguien se mata y deja una nota, quizás la leo con fe. ¿Fe en qué? En que está en cada quien tratar de hacer soportable el mundo, y hay unos que simplemente se cansan o señalan lo absurdo de seguir existiendo. Curiosamente, todas las notas suicidas que he leído han pertenecido a artistas. Todas tuvieron grandes sentencias sobre la vida y las relaciones humanas. Creo que solo la certeza de morir permite acceder a tan certeras y dolorosas conclusiones… Al menos en un ámbito occidental, donde la muerte es temida.

25. House of the Bulgarian Communist Party

Con toda seguridad puedo afirmar que la nota suicida que más me impactó fue una de una persona que conocía. Estaba en los primeros años de colegio, ingenuo y esperanzado. Descubrí su suicidio hace cosa de un año. Me sorprendió bastante; parecía un literato alegre. Y me asombró bastante el que haya postergado su muerte gracias a excelentes libros que lo atraparon durante un par de meses, hasta que finalmente lo dejaron ir.

Por supuesto que he pensado al respecto, no como aspiración sino como todo el acto que representa: tomar una última decisión sin posibilidad de arrepentimiento. El refrán dice cobarde ante la vida, valiente ante la muerte; pero creo que vivir no representa una cuestión de valentía, más bien persistencia.