Conociendo a Chenoa

Antes era un poco grosero y burlón cuando me recomendaban libros/películas/grupos musicales. Simplemente me reía y negaba con la cabeza. Y eso era lo más saludable que podía hacer, pues hubo una breve temporada en que sí me tomaba el tiempo para explicar por qué no deberían recomendarme cosas.

Ahora no. Hoy en día simplemente digo lo intentaré, y dependiendo de la persona, tomo nota de su sugerencia, o la olvido apenas me da la espalda. Antes sabía reírme apenas alguien mencionaba a Coelho, ahora, he aprendido a ser más respetuoso y me limito a decir, no sin ocultar una sonrisa: Yo leo otras cosas.

En la música, por esto de leer y escribir bastante, soy muy exigente con las letras. Muy exigente, a menos que la voz y la interpretación sean realmente fabulosas. Lo suficientemente extraordinarias como para no prestar atención a las palabras. Pero siempre estoy dispuesto a atreverme a conocer más, aunque sea para dejar un libro incompleto, una canción a medias, un filme sin terminar. Y ahora sí, concentrándome en Chenoa, les contaré las circunstancias en las que la escuché.

En resumen: en una reunión casi familiar me hice con 4 gigas de música casi desconocida para mí. Por supuesto, tenía reguetón, la bachata que tanto odio cuando estoy sobrio, la cumbia que no me gusta, junto a los éxitos de 2012, las baladas forever, del recuerdo… En fin, era una mezcla musical contundente, y yo vi eso como mi oportunidad de adquirir y conocer ese mundo musical que rodea mi contexto.

De a poco, bueno, no de a poco, tuve varios inconvenientes de formato de archivo; a lo largo de estos meses he escuchado esas canciones, he borrado poco a poco las que simplemente no quiero volver a escuchar voluntariamente. Una vez oí una hermosa voz que mediaba entre lo grave y lo agudo, pero no le presté demasiada atención… ¡creí que era un artista que ya tenía en mi biblioteca musical! Pero no la volví a oír, y eso me hizo pensar que seguramente pertenecía a ese grupo de canciones desconocidas, y para encontrarla debía oír archivo por archivo.

Por supuesto que no hice eso, mas cuando volví a tener la fortuna de escucharla, inmediatamente revisé el nombre de la artista. Chenoa. Aún contuve mi entusiasmo, pues hay varios cantantes que suenan de lo lindo en un disco, y en vivo son todo un terror. Entonces la busqué en Youtube, vi sus vídeos en vivo, y ahí sí ya no contuve mi entusiasmo. ¡Tengo otra cantante favorita de voz grave junto a Ella Fitzgerald, Imelda May, Fiona Apple y Amy Winehouse!

Sé que hay cantantes mujeres con voces más graves, pero esas ya me intimidan un poco.

pd. Menciono lo de voces graves porque, no sé si en todos los coros, pero por lo menos en los que he participado, el hecho de de que las voces agudas (sopranos y tenores) generalmente canten las melodías, hace que las voces graves nos juntemos en un sentimiento de solidaridad y afecto sincero.

Esta fue la canción que me hizo descubrir a Chenoa:

 

6-10

Delirio

Abrió y cerró los ojos varias veces pero el tren no desapareció. Estaba atrapada y con destino desconocido. O simplemente atrapada en su cama, bajo la cobija, presa de la fiebre.

Esclavitud

Y tras la firma de autógrafos, el falso escritor regresaba casa, y descendía al sótano donde aguardaba el verdadero escritor, encadenado y con los dedos suficientes para escribir.

Superviviente

Y una vez más, el dragón supo imponerse con sus garras, su rugido y su furia. Su fin estaba cerca, hasta que los demás descubrieran que se había quedado sin fuego.

En paz

Nada como un humano para el desayuno, exclamó el gigante, pero ya no había nadie para saciar su apetito, ni nadie que lo atendiera. Y se quedó ahí, viejo, sentado hasta volverse de piedra.

Nacimiento

El pequeño tenía los ojos del padre, el rostro de la madre, y los genes de varias generaciones de superhéroes, pero no había salido a ninguno de ellos. No tenía poderes, y sus latidos se debilitaban a cada segundo.

¿Este texto ha caído en sus manos espontáneamente?, o ¿ha sido el resultado de un ritual de convocación?

Empiezo este ensayo con la pregunta que no nos hace un texto, así como la obra es una respuesta a una pregunta inexistente. En ambos casos, la voluntad aparece como un juego: el texto depende del autor para existir, y al mismo tiempo, no es tal si todo el mundo la ignora. Algunos autores dicen ser los responsables de sus obras, como si ostentaran un título. A esos autores les gusta escribir y así se ganan su vida.

¿Su vida?, no, al contrario, con ese dinero adquieren productos a los cuales no tenían acceso. Y así se trasladan de una instancia creadora nativa del continuum, a una comercial. Otros, en cambio firman sus obras y las ponen a la venta con el recelo de perder una pertenencia. A veces obtienen una fortuna que no hace sino complicar su vida, y desnivelarla en contextos nunca pensados. Por desnivelación me refiero a que ellos, al momento de llamarse autores, están estableciendo claramente a dónde no pertenecen. Y obviamente, con el dinero, vuelven a colocarse sobre otros autores con menos dinero.

No quiero decir que estos sean todos los tipos de autores, apenas una mera clasificación. En tercera y última categoría están aquellos autores con el corazón o la mente escindidos. Estos autores difieren de los anteriores, por el simple hecho de sentirse a la vez culpables e irrelevantes sobre sus obras. Ellos se llaman escogidos, escogidos por la obra para existir. Dicen que ellos no la hicieron, que ella los escogió. Estos autores actúan como catalizadores de una instancia creadora del continuum hacia la sociedad.

En lo referente al texto, ¿existe sin el el lector o sin el autor? Dada mi explicación sobre los autores como mediadores, no hay texto sin lector. Así que la importancia o validez de una obra, son sus lecturas, no el número de lectores. Lector puede ser cualquier sujeto alfabetizado, pero una buena lectura aniquila totalmente al autor, y reproduce la obra. La obra es inmortal, está antes y después del autor.  Sin lector no.

Pierre menard solía llevar un cuaderno y hacer una alegre fogata. ¿Qué significa este absurdo de escribir y quemar? Puede refutar al lector (pues la obra ha sido y ha expirado) y al autor, la obra surge por su voluntad, y por lo mismo decide cuándo expirar.  En conclusión, el encuentro entre lector y texto es un juego de voluntades invitadas a jugar por el autor. Él solamente reparte unas cartas que nadie agradece. Es su juego, pero no puede jugarlo.

18 cosas que las personas creativas no hacen igual que el resto (II)

VIene de este post

10. Arriesgarse: no tomo riesgos en un sentido laboral, pero sí en cuanto a correr peligros se trata, ya sea en superar obstáculos físicos, o salir a la calle y no ser asaltado de regreso a casa.
11. Considerar que todo en la vida es una oportunidad para la expresión propia: aunque sí lo considero, hay motivos económicos que me impiden cumplir, por ejemplo: teñir mi cabello negro de un azul que dure por los menos un mes, tener ropa exclusivamente diseñada para mí (por ahora me limito a comprar lo que está de oferta). No obstante, trato de impregnar mi marca personal en lo que es posible y factible, mientras sea algo mío y no el deseo de destacar por destacar, ser extravagante.

12. Seguir sus pasiones verdaderas: sí, por el momento sigo la Literatura y la Música. En la Literatura, sigo escribiendo y espero en algún momento publicar otros libros de microcuentos… pese a que mi estilo difiero mucho de lo contemporáneo comercial/nacional/etcétera. Antes le daba importancia a eso, ahora sé que si muero pobre, quizás mis herederos ¡tengan para comer! En la música, mi reto es prepararme para presentarme en una ópera; mientras tanto, sigo de corista, cantante un repertorio bastante variado, para entrenar mi voz tanto en lo lírico como lo popular. Estas dos formas de arte son muy importantes en mi vida; me han planteado reto que me han hecho descuidar otros aspectos. No me arrepiento de ello; en el caso de la música, me arrepiento de no haber empezado antes.

13. Salir de su propia mente: además de soñar despierto, yo salgo bastante de mi mente cuando me pongo a pensar en cómo resolver algún problema, pues generalmente nunca acudo a nadie. Creo que los demás ya tienen suficiente con sus propios problemas, aunque yo siempre los escucho y aconsejo o recito palabras de apoyo; sí, las recito de memoria, pues son palabras que olvidamos hasta que otro nos hace recordarlas. Y supongo que en esto también toma parte lo que mencioné de analizar las posibilidades de un evento, para mirarse desde lo exterior. En este aspecto, hay ocasiones en las que digo, vaya, realmente puedo ser mi amigo, u otras en las que me pregunto, ¿cómo alguien puede querer acercarse?, ¿qué pasa por su cabeza!

14. Perder la noción del tiempo: esto me ocurre en el canto y en la redacción propia, cuando no escribo por tarea/trabajo (aplíquese además a la lectura). Y también cuando hago algo que me gusta mucho y estoy en muy buena compañía; de repente me doy cuenta, han pasado varias horas y es entonces cuando me da hambre. Si no es una actividad placentera, busco la forma en que sea soportable para poder entregarme, tratar de disfrutarla.

15.  Rodearse de belleza: esto me parece bastante ambiguo, pero según lo entiendo, la forma en que lo aplico es buscando imágenes estéticamente hermosas; actualmente, mi fondo de pantalla tiene fotos de ilustraciones del espacio. Y también busco series de TV o filmes que, además de un buen guion, sean muy bien hecho. Lo mío es más una búsqueda de la belleza, pues no es un concepto fijo y, como en la vida, es susceptible a cambios. En la literatura sí soy bastante exigente, y definitivamente no disfruto con lo contemporáneo, prefiero lo clásico.

16. Saber unir los puntos: yo creo que esto es algo más inconsciente, aunque no siempre comparto mis ideas. Si ya no me escucharon una vez, no me esfuerzo de nuevo en hacerme escuchar… a menos que me estén pagando por ello. La gente da por sentado muchas cosas, y yo, ya sea por desmemoriado o desatento, siempre entro con una nueva visión; siempre estoy distanciado.

17. Gustar de los cambios radicales: tengo ciertas rutinas pero si repentinamente tendría que dejar mi familia, el país/continente/planeta lo haría sin dudar. Cambiar radicalmente de alimentación no es mi fuerte, y creo que no resulta muy saludable. Un cambio extremo de atuendo no es algo que mire con mucho entusiasmo, pues yo quiero mandar a hacer mi ropa: no me interesa la ropa de marca ni artesanal. Es más, si fuera por mí, tendría ropas en todas las tonalidades desde el blanco hasta el negro. Un cambio extremo de trabajo tampoco le tengo miedo…. ¡de verdad necesito el dinero!

18. Encontrar tiempo para la meditación: aunque por unos minutos, sí me tomo mi tiempo en el día o en la noche para relajarme y respirar profundamente. Después de unos minutos todo parece más llevadero, el mañana luce menos tenebroso… me siento más conectado conmigo.

 

18 cosas que las personas creativas no hacen igual que el resto (I)

Es título es a razón de este otro post donde se trata el tema. Y simplemente se me ocurrió contar cómo hago yo esas cosas.

  1. Soñar despierto: es una actividad en las que raras veces me interrumpen, ya sea porque lo hago cuando estoy solo, o alejado de las personas, o simplemente porque nadie se atreve a acercarse. Suelo soñar despierto con las ideas de películas que se me ocurren y que nunca terminan en guión. O sueño con lo que me pasará en el día cuando tengo actividades para todo el día. Cuando no hay nada planeado, no me preocupo, porque lo que tenga que suceder sucederá. También, cuando tengo un sueño muy alegre/fantástico me gusta intentar recordarlo en su totalidad, jugar con las posibilidades…
  2. Observarlo todo: soy observador cuando no tengo un libro a la mano y debo concentrarme en algo. A veces también que ponerme a ver con atención para no pensar estupideces/tonterías. No siempre soy observador, pero cuando me pongo a atender me fijo en las personas y en el lugar. Miro bastante antes de acercarme e interactuar. Y si no quiero interactuar, me siento a solar despierto o busco alguna ventana, donde en ocasiones encuentro fumadores de conversación interesante.
  3. Elaborar horarios propios a su medida: yo puedo adaptar mi horario a mi trabajo. Si tengo que salir temprano, pues madrugo a escribir, a las 3, 4 o 5 de la mañana. Cuando no, me encanta escribir entre las 10pm y las 2am. Es porque a esas horas la casa está más silenciosa, y me gusta escribir con la luz de una lámpara. Aunque también puedo escribir a plena luz del día, después de una buena lectura.
  4. Reservar momentos de soledad: en mi caso, los necesito mucho, especialmente cuando he estado interactuando con personas durante todo el día, sean extrañas o no. No siento cansancio sino simplemente me siento más extraño, hipócrita y otros adjetivos negativos. Tengo sentimientos desde la ira hasta la tristeza. Necesito la soledad tanto por el silencio como para recordarme quien soy y por qué hago las cosas. Pero más que nada, la necesito porque cuando estoy solo puedo dejar de pensar en cómo actuar.
  5. Saber aprovechar los problemas que plantea la vida: pues sí, ya que saco mi humor de la tristeza y las contrariedades. Afortunadamente, me gusta pensar en todas las posibilidades, y claro, cuando algo sale mal, ya estoy medianamente preparado. No negaré que en ocasiones hay momentos en los que estás a punto de derrumbarte, que sientes que no hay sentido en avanzar; yo creo que solo entonces, cuando se está en el fondo y no se vislumbra nada, uno se enfrenta a sí mismo y se reinventa.
  6. Buscar nuevas experiencias: aunque tengo cierto deseo aventurero vinculado con la noción de verdadera amistad, no soy alguien que sale a buscar la aventura cada día. Solo estoy dispuesto a afrontar lo que ocurra, y claro, eso ha ocurrido algunas veces. Añadiré que sí me gustan los deportes de alto riesgo, y si tuviera dinero saltaría en paracaídas, aprendería a surferar… no obstante, debido a que no veo sin mis lentes, tengo bien claro que realizaré algunos deportes extremos cuando me opere los ojos.
  7. Caer y volver a levantarse: desde que tengo memoria, sé que esta idea se relaciona a lo laboral pero, bien o mal, yo siempre la he asociado a un nivel personal, de sentirse lo peor del mundo hasta ser amigo de uno mismo. Solo en este sentido me caigo y me levanto. No sé si sea un círculo viciosa o solo una especie de ciclo, y siempre se genera por: acumulación de decepciones, creación de preguntas, pérdida de rumbo. No busco socorro ni comparto mis confusiones; yo mismo busco y encuentro una nueva forma de continuar.
  8. Plantear grandes preguntas: lo que pregunto generalmente afecta a las relaciones humanas, y claro, no es algo que muchas personas puedan hablar sin empezar a deprimirse. Otras preguntas abarcan la vida, la muerte, la religión, y varias convenciones sociales. También cuestiono las ideas patriotas, y sobre el amor que resulta de la contemplación o simplemente un cruce de miradas porque, ¿cómo se puede amar a quien no se conoce?
  9. Observar a las personas: a veces, en medio de una pequeña multitud, necesito estar solo, y en eso momento me pongo a observar a los demás. ¿A qué responden sus ropas, su forma de hablar?, ¿por qué usan ese tono?, ¿cómo son en casa?, ¿cómo se comportarían en otro lugar?, ¿quiénes son sus amigos?, ¿qué pensará de mí? En la calle cuando veo a alguien que destaca por alguna razón, no tengo más que mirarlo y hacerme las preguntas que surjan del contexto.

Aquí las siguientes 9 cosas

 

1-5

Cuando se dio cuenta de que no era una nube, fue demasiado tarde para dar la alarma.

Se puso el traje, las botas, el casco, tomó su pistola y finalmente salió a la cosecha salvaje.

Un día su hija encontró su casco espacial, y él finalmente confesó que era un alienígena. Y se quedó dormido, sin alcanzar a programar su sueño.

Era demasiado tarde para cambiar de traje: con su habilidad reducida a la mitad, saltar con todas sus fuerzas no le bastó para regresar a la nave.

Llegó, casi dos siglos después pero llegó finalmente al desierto rojo. Ya no le importaba mucho encontrar los huesos de su esposo, sino reposar a su lado.

 

¿Qué es el reto 300?

En busca de la paciencia perdida

Han entrado varios años en este día, sin arrugas, sin ojeras. Su aroma ya no me trae recuerdos, solo resulta más dulce o ácido que otros. De un momento a otro soltaré su mano y no tendré respuestas para todas sus preguntas. Ella siente el temblor de mi mano como una caricia y sonríe. Yo no. Y empiezan las preguntas que terminarán en despedida.

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