Uso de la perspectiva en un cuento

Con más o menos frecuencia, uso la etiqueta de perspectiva, o cambio de perspectiva en los cuentos de este blog y, más que una teoría, quiero compartir mi comprensión al respecto.

En el cine, haciendo a un lado los factores industriales -consumismo-, podemos decir que una película trasciende o fracasa por la perspectiva empleada. Si es mala pero rescatable, uno sale pensando quizás con el otro personaje como protagonista, la peli habría sido un éxito. Así como ahora están de moda los vampiros zombies, hubo un tiempo en que los filmes narrados en tres perspectivas también estuvieron en boga. Más que una novedad, el pluriperspectivismo es un recurso antiguo. Ya existía en los filmes silentes, pues venía desde la Literatura. (Para no ir tan atrás en busca de un ejemplo, sugiero ver Rashomon, de Akira Kurosawa).

Perspectivas humanas… abundan, pero no están de más. (Y con esta sola distinción ya puedes plantearte el reto de expresar otras perspectivas). Como si no bastara pensar en qué historia, pues sí, el elegir desde dónde, cómo contarla llega para complicar las cosas.  ¿Hasta dónde podrían complicarse? Pues con El despertar de Finnegan , o Ulises de James Joyce pueded hacerte una idea. Un ejercicio que se me ocurre ahora es narrar una caída. ¿Quién va a ser el personaje que se va a caer? ¿Un  niño, una mujer, un hombre,  un anciano? En este caso, la perspectiva está basada en la edad del personaje. Es algo bastante simple que puede incrementar en complejidad al definir una personalidad para el personaje. Con la personalidad también viene el lugar de la caída (casa, calle, plaza), el motivo (torpeza o accidente), y la reacción. Esta reacción diferiría para cada personaje. Por ejemplo, un niño caprichoso, sale apresurado, tropieza con sus pies, cae y empieza un berrinche. O es un niño que corre porque se atrasa, cae, se lastima la rodilla, se rompe el pantalón, pero continúa. O …

En breve, solo quiero señalar que todos reaccionamos diferente a un mismo hecho. Es algo que a veces se nos olvida, y claro, es bastante notable en la Literatura, cuando un personaje definitivamente no nos convence. Su error radica en eso, en que sus acciones no son convincentes. Esta falta de convicción, llevada al extremo, causa risa. Y esto es bueno, si el escritor quiso que sus lectores riesen con él, de lo contrario, se sentirá humillado, y unos tardan más que otros en reponerse.

Nunca está de más salir a la calle y buscar un personaje. No hay que matarse por ser fiel a la persona real, sino por proveer todos los recursos al personaje literario para que se sostenga solo. Un buen escritor puede hacer que hasta la persona más aburrida resulte literariamente interesante.  No me meto con el Realismo, ni ningún ismo porque eso me parece una tarea secundaria, ya que al final solo hay etiquetas para las obras de arte: buenas o malas. Por otra parte, también hay perspectivas de objetos inertes, las cuales son un mayor reto literario, pues entran en juego la imaginación y la capacidad de transmitir una sensibilidad inexistente.

En fin, la perspectiva no es más que el punto de vista para contar algo:

¡Dios mío!, ¡un ángel!
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