Las jaurías de la luna

Había tanta luna aquella noche, que la ciudad se había convertido en pueblo, y era penoso leer las largas casas enlunadas como pruebas de imprenta sin texto. La luna inventaba ladridos, y los estadísticos de los perros se volvían locos queriendo descubrir dónde podían estar tantos perros como se oían. Eran jaurías de la invención, los verdaderos perros famélicos de la luna, los que mordisquean ese gran hueso de un mundo muerto que es la luna.

Ramón Gómez de la Serna

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