Estimada Frau Milena:

(fragmento de una carta de Franz Kafka)

Le escribí unas líneas desde Praga y luego desde Merano. No ha habido respuesta. Por supuesto, esas líneas no exigían contestación inmediata y si su silencio no es más que señal de una relativa bienaventuranza —lo cual con frecuencia se traduce en una cierta resistencia a escribir— me doy por satisfecho. Pero también existe la posibilidad —y por eso le escribo— de que en mis líneas la haya herido de alguna manera. ¡Qué torpe sería mi mano, contra toda mi voluntad, si ése fuera el caso! O bien —y eso sería mucho peor por cierto— que ese momento de sereno respiro, al cual usted aludía, haya pasado y una vez más se inicia una mala época para usted.

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