La cita

, con lo cual un par de medias nylon vuelan de alguna parte del cuarto: ella las atrapa y se las pone, me da la espalda, mi pantalón regresa a mis piernas, mi camisa salta a cubrirme, sin dejarme ver cómo ella recupera su ropa interior, ahora solamente le falta la falda y la blusa que tardan poco en regresar, la habitación no es muy grande, es casi bonita, o fea si se encienden todas las luces: una cama, un espejo de cuerpo y un repelente velador pero, ahora vestidos, sonreímos desde la entrada al notar el tamaño de la cama, cerramos la puerta, 304, nos volvemos serios, e inclusive mi brazo se enfría alrededor de su cintura, retrocedemos por las escaleras, pasamos de espaldas a la recepcionista, quien me devuelve mi dinero y yo sus llaves, continuamos de regreso a la ciudad, donde nuestras manos se sueltan en alguna parte, o se juntan como nuestras lenguas, y nos detenemos en varias ocasiones, antes de llegar al café donde nos habíamos citado.

Foto de Joseph B
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Un comentario Agrega el tuyo

  1. G. dice:

    jajaja viaje a la migaja… bien!

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