Dije gracias sin darme cuenta. Ella sonrió, y con habilidad puso una cartera que no había visto sobre sus muslos, y sacó una bolsa plástica. Nuevamente de su boca solamente retuve algunas ideas, apenas entendí que el contenido de su bolsa cumplía un papel de higiene. Luego me agradeció algo y empezó a mirar el departamento con emoción. Poco a poco sentimos la pesadez del silencio. Tardé en comprender que no había empezado a observar la habitación por cortesía, sino para darme tiempo… A los pocos minutos percibí que le sorprendía verme todavía sentado. ¿No le habré ofrecido un café o…? No, no, -respondió- me ofreció un almuerzo.
no sé si sentirme halagado u ofendido…pero gracias! ![]()
¿raro solo en la escritura? porque… hace tiempo que no nos vemos. debemos actualizar nuestra amistad
jaja

Veronica
qué raro eres, sebas.