Microcuentos Tuiteros 33

No era revolucionaria, simplemente quería ver el hormiguero en llamas.

Cuando vio el anochecer amarillo, supo que la intoxicación la había alcanzado.

Al caer, la servilleta quedó lejos de cualquier boca, y se ensució en soledad.

Con el tiempo, el anciano dejó de ser un extraño, y empezaron a llamarle abuelo.

Y para recoger los pedazos de su corazón, dejó esperando a su soledad.

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