Microcuentos Tuiteros 49

Iba a un abrazo cuando sus ojos se perdieron en otros cuerpos, en otras mujeres, y lo recibió una cachetada.

Cuando ya no pudo soportar las cizañas del árbol, la manzana terminó arrojándose al suelo.

Y también puso una pistola en las manos del peluche, por si las dudas.

Fue solo una lágrima, pero había comenzado a recuperar la alegría de llorar.

Mirarla a ella era contemplar la noche en pleno día. No incluía luna, pero sí un par de estrellas.

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