Hola extraño

Tarde tras tarde, he visto cómo tu nuca se vuelve a perder en la ciudad. Ahora, tu mirada cree reconocerme, y pareces acercarte con calle y todo. De repente estoy en el suelo, con varias hormigas bajo mi cabeza. ¿Me saludaste o tan solo estirabas los dedos? Respiro hondo. El caminar de las personas pasa frente a mis ojos. Me viste caer y sigues sin hacer nada. Un pie –¿acaso tu pie?- empieza a enterrar mi cabeza. Lo primero que se rompe son mis lentes, luego mi nariz, y finalmente mi cráneo, con un golpe contundente.

Al otro lado de la tierra, el asesino añade una víctima más  a su lista, la última del mes.

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