Aureola de felicidad

Lo que más recuerdo de ti es tu aureola y cómo me impediste tocarla. No fuiste una extraña la primera vez, sino un nuevo ser humano que descubrí en mi territorio. Antes de tu aureola, me quedé fascinado por el verde de tus prendas. Era un verde claro que florecía en medio de un campo de otoño. Te vi, escondido tras un árbol, pisando las hojas con las puntas de mis pies. No supe si bailabas o solo recogías algo. La hierba cubría tus rodillas, y los arbustos de vez en cuando dejaban ver una nariz, una oreja, y un resplandor que empezó a envolverte, como un pequeño sol.

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