en el circo

me despertó el chillido de la elefante. inmediatamente percibí su aliento entre la fetidez de la carpa. gateé hacia la puerta, confundiendo el chillido de los monos con el rasguñar de una reja. la elefante calló. oí gritos. luego, reconocí el caminar del señor P y la señorita J. un escalofrío recorrió mi lomo, pero la mortal pareja se limitó a pararse delante de la jaula y arrojarme la dulce cabeza del payaso.

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