Al otro lado de la balanza

No estás a la salida del laberinto, y eso ya me quita las ganas de salir. Bien podría concentrarme en cazar a cuanto incauto cruza… pero ya existió un minotauro. Yo estoy aquí desde hace tanto tiempo, que no recuerdo si el encierro fue obligatorio o por voluntad propia. Sé que es una prisión porque a diario encuentro huesos en mi camino, y ya me he acostumbrado a dormir en medio de gritos. Es más, creo que empiezan a gustarme. No me esperas, y aunque lo hicieses, no bastaría para moverme fuera de aquí. Si alguna vez supe tu nombre, lo he olvidado para siempre. Aquí he empezado de nuevo. No hay nada que conozca. Afuera fui un parásito, pero aquí por fin podré echar a volar mis sueños de ser una mariposa.

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