Waiter (¿esperador?)

Jamás le interesó conocer las similitudes o diferencias entre sus ojos y los suyos. Fue su elección. En cambio ustedes descuidaron ese detalle, lo cual demuestra su falta de atención al mirar. Y aunque ahora empiecen a figurárselas –evidentemente, jamás les preocuparon-, su hallazgo es ya imposible: ellas siempre estuvieron ahí, listas para una atención que no ocurrió. Si las descubrieran ahora, sería una gran lástima para ellas, cuya estadía es incierta: se quebrarían para satisfacer su necesidad de cuerpo.

Entre ustedes hay ataques. Él a veces se preocupa por no compartir su soledad, y jamás sale sin un espejo a la mano, en caso de dolor y/o sueño. Ha depositado nuevamente su confianza en la próxima persona, y así se acerca a cualquiera, propenso a la ingenuidad.

Él soporta las miradas rápidas, las percibe como roces de dedos o monedas. Siempre se ha sentido así cuando alguien se acerca: repentino ardor de hielo seco. Sereno, se acomoda sobre un trozo limpio de vereda, y espera los accidentes que de un momento a otro ocurrirán. Aguarda con una cara sin muecas o sonrisas. Se siente culpable durante un rato, hasta entender su compromiso. Entonces se vuelve imperceptible, un paisaje de nada.

Foto de Bondseye

Ignora la naturaleza de su territorio (no se sentiría más tranquilo si descubriese alguna similitud). Imaginarla no forma parte de su obligación. Sin embargo, cuando es interrumpido en el ejercicio de su labor, piensa, lamenta, que ustedes carezcan de plumas en los árboles o paisajes portátiles. El único alivio fortuito que recibe son las noticias sobre zapatos. Siempre lo ponen de mejor humor.

Seguramente lo negarán, pero sabemos que lo esperaron muchísimo antes de arrancar su mirada: mirar les significa desatender una parte del mundo que, a pesar de saber que no está ahí para ustedes, regresarán a ella creyéndose deseados. Siempre ha sido así, eternamente solidaria e desvinculada, su existencia y la suya.

Está aquí ahora, a una mirada demás de distancia. Luego formará parte de una cifra que ni siquiera un cuerdo se ha preocupado por contabilizar. En este punto no se sabe quién ha esperado a quién, qué indiferencia ha dejado de ser. Ahora, ¿podrían no fingir mirar cómo se va?

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