E.N.D.

, y de nuevo la veo cruzar la calle, acompañada por pajaritos electrónicos. Busco qué apretar contra mi pecho, me agito, desesperadas ganas de abrazar…. lloro su fresca partida, sintiéndola en cada moco; amenazo con mis dientes a esta ventana, furioso ante la imposibilidad de saltar y correr tras ella. Pego mi rostro al cristal y contemplo a mis compañeros. Tomo fuerzas antes de regresar a su lado. Junto a la puerta, una niña nueva acaba de ser abandonada por la profesora. Trago mi llanto, y escondo en mi camisa cualquier rastro de tristeza. Abro mis brazos, dándole la bienvenida a Embarazos No Deseados.

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