La partida

Le decía a M que te saludara, y M te saludaba de mi parte. Cuando no, M rechazaba la invitación de tus mejillas, y nuevamente se volvía un extraño a tu lado. Preparé a M para decirte mi amor, y lo hizo. Se marcharon tan rápido que ni siquiera pude reaccionar. Después entendí. Tú nunca me escuchaste. Ante tus ojos, sólo M correspondía tu amor.

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