Estimada Frau Milena:

(fragmento de una carta de Franz Kafka)

Le escribí unas líneas desde Praga y luego desde Merano. No ha habido respuesta. Por supuesto, esas líneas no exigían contestación inmediata y si su silencio no es más que señal de una relativa bienaventuranza —lo cual con frecuencia se traduce en una cierta resistencia a escribir— me doy por satisfecho. Pero también existe la posibilidad —y por eso le escribo— de que en mis líneas la haya herido de alguna manera. ¡Qué torpe sería mi mano, contra toda mi voluntad, si ése fuera el caso! O bien —y eso sería mucho peor por cierto— que ese momento de sereno respiro, al cual usted aludía, haya pasado y una vez más se inicia una mala época para usted.

Otras cartas de Kafka


					

París, 12 de marzo de 1870

Señor:
Permitid que me remonte un poco lejos. He hecho publicar una obra de poesías, en la casa Lacroix (B. Montmartre 15). Pero, una vez impresa, se negó a lanzarla, porque allí se pintaba la vida en colores demasiado amargos y el editor temía la acción de la justicia. Era algo en el género del Manfredo de Byron y el Conrad de Mickiewicz, pero mucho más terrible. La edición había costado 1.200 francos, de los que yo había entregado ya 400. Pero todo se fue al diablo. Lo cual me hizo abrir los ojos.

Fragmento de una carta de Lautréamont

A una baba de caracol

15 de setiembre

Querida M, de verdad lamento no haber resbalado contigo. Ayer, alegrar tu día no estaba dentro de mis planes. Yo tampoco figuraba en tu risas privadas.

 

23 de abril

Querida M, sinceramente lamento no haber resbalado hacia ti aquella tarde de setiembre. Ahora, lampiño y de ropas remendadas, me doy cuenta de la falta de tu cuerpo para amortiguar mi golpe.

 

25 de diciembre

M, siento no haberte resbalado en aquella ocasión. Te prometí mentiras, y tú chillando desde el suelo. No recuerdo si reías o llorabas.

 

sin fecha

…porque nunca supe qué significaba, en tus labios, ándate a la M.

 

15 de junio de 1904

Shelbourne Road

Debo estar ciego. Durante largo rato estuve mirando una cabeza de cabello castaño rojizo y después decidí que no era la suya. Volví acasa muy abatido. Me gustaría concertar una cita, pero quizás no sea conveniente para usted. Espero que sea tan amable de fijarla usted misma, si es que no me ha olvidado.

Carta de James A. Joyce