Anónima

Tenía la mano en la puerta cuando decidió regresar a la fiesta. Contó cada paso de regreso para recuperar la noción del tiempo. En cada pisada había docenas de hombres asesinados en noticieros y películas. 9, 10, 11… El baño debe estar cerca de aquí. Lo halló antes de alcanzar los 30 pasos. Una vez en el baño, recordó que llevaba tacos y que los pies le dolían. Entonces se encendieron sus sentidos. Le llegó la pestilencia del lugar, los sudores de la fiesta, el ruido… Se puso frente al espejo, apoyando las manos en el lavamanos. Sus tacos negros estaban bien, la falda negra estaba en su puesto, también la blusa. Contempló sus pulseras durante un momento. Cuando se abrió a puerta, automáticamente empezó a lavarse las manos. No hacía falta, no había sangre en ellas. Solo tenía el cabello un poco alborotado, como si hubiese pasado la noche entera bailando. Dejó escapar una pequeña risa y ella también huyó por la puerta, volvió al anonimato.

Marceau R en Flickr

6-10

Delirio

Abrió y cerró los ojos varias veces pero el tren no desapareció. Estaba atrapada y con destino desconocido. O simplemente atrapada en su cama, bajo la cobija, presa de la fiebre.

Esclavitud

Y tras la firma de autógrafos, el falso escritor regresaba casa, y descendía al sótano donde aguardaba el verdadero escritor, encadenado y con los dedos suficientes para escribir.

Superviviente

Y una vez más, el dragón supo imponerse con sus garras, su rugido y su furia. Su fin estaba cerca, hasta que los demás descubrieran que se había quedado sin fuego.

En paz

Nada como un humano para el desayuno, exclamó el gigante, pero ya no había nadie para saciar su apetito, ni nadie que lo atendiera. Y se quedó ahí, viejo, sentado hasta volverse de piedra.

Nacimiento

El pequeño tenía los ojos del padre, el rostro de la madre, y los genes de varias generaciones de superhéroes, pero no había salido a ninguno de ellos. No tenía poderes, y sus latidos se debilitaban a cada segundo.

1-5

Cuando se dio cuenta de que no era una nube, fue demasiado tarde para dar la alarma.

Se puso el traje, las botas, el casco, tomó su pistola y finalmente salió a la cosecha salvaje.

Un día su hija encontró su casco espacial, y él finalmente confesó que era un alienígena. Y se quedó dormido, sin alcanzar a programar su sueño.

Era demasiado tarde para cambiar de traje: con su habilidad reducida a la mitad, saltar con todas sus fuerzas no le bastó para regresar a la nave.

Llegó, casi dos siglos después pero llegó finalmente al desierto rojo. Ya no le importaba mucho encontrar los huesos de su esposo, sino reposar a su lado.

 

¿Qué es el reto 300?

En busca de la paciencia perdida

Han entrado varios años en este día, sin arrugas, sin ojeras. Su aroma ya no me trae recuerdos, solo resulta más dulce o ácido que otros. De un momento a otro soltaré su mano y no tendré respuestas para todas sus preguntas. Ella siente el temblor de mi mano como una caricia y sonríe. Yo no. Y empiezan las preguntas que terminarán en despedida.

Lindes en Flickr

Reto 300

Hubo el llamado ¡y respondí!

Hace mucho que he dejado de escribir, ya sea para el blog, en mi cuaderno de cuentos (voy por el quinto) y en mis diarios. Intenciones, ha habido muchas, pero al final he decidido alejarme y hacer otra cosa.

He estado saltando entre libros, entre series de TV….pero quizás lo que más me ha impedido entregarme a la Literatura como antes sea la Música. Empezó como una obligación, luego se hizo hobbies, y finalmente tras 5 años la considero como una alternativa profesional.

Quizás ya no escribo tanto porque ahora la música también me arranca emociones. Y no lo digo por las letras, no; de hecho, justamente por haber escrito y leído tanto -y porque sé que hay mucho por leer- las letras pasan a un último plano, donde no estorben mi interpretación. Pues si me pongo a analizarlas terminaría corrigiéndolas… o burlándome de ellas. Y no se puede perder el tiempo en analizar las letras cuando se tiene que pensar en afinación, postura, proyección de la voz, respiración, intención e interpretación. Eso sí, cuando una letra me gusta, no negaré que disfruto muchísimo más. O también hay ocasiones en que la letra no tiene mucha importancia, pues el ritmo saca el bailarín que todos llevamos dentro.

Las ganas de escribir nunca han desaparecido. Ya sea para contar alegrías, tristezas u odios, siempre me he imaginado retomando mis cuadernos, mis diarios y sentándome  a escribir. Y no lo he hecho. Hace un par de días finalmente me senté a escribir y salieron algunos microcuentos, con temas desde el amor hasta el suicidio.

Luego eché un vistazo a los blogs de mis nuevas seguidoras y zás, encontré uno de microcuentos muy buenos; ello iba de un proyecto personal y colectivo: escribir 300 cuentos en este 2014. Me cayó de perlas así que a partir de este semana, cada fin de semana postearé 10 microcuentos. 10 cada semana porque si lo hiciera de uno en uno primero me descuidaría un día, luego otro, y otro… 10 en un día es algo que sí puedo hacer; 1ro porque mis microcuentos no son muy largos, y 2do porque una vez que tomas vuelo, es más fácil no parar. (Y 3ro porque una semana serán 10, otra 5, otra nada, y probablemente vuelva a hacer un especial de microcuentos navideños para alcanzar la meta) :)

Una rosa para el silencio

Al principio creí que eran tus orejas. Entonces dejé de atender tus pies, cuyos movimientos aún me eran incomprensibles, y dirigí mi tención a tus orejas, casi siempre escondidas bajo/entre/por todo tu cabello. Empecé a mirar tus orejas como quien cuida un huevo al filo de la mesa; concentrado, sin pestañear, convencido de la caída conjunta del huevo y el párpado. Yo no cuido tus orejas para evitar su pérdida en lo profundo y superficial de tus cabellos. (Confieso en esta oración, mi temor a tal acontecimiento, durante una noche donde ya esté dormido, quizás soñándote, quizás salvándote a mi manera, anónima y escrupulosa). Evitar tus pies y apuntar mis ojos a tus orejas sin interrumpir tu camino, no es demasiado complicado. Se me ha vuelto más natural que sonreír por el sol. Cuando solía observar tus pies, imaginaba que no te pertenecían, o que habías cambiado los tuyos a causa de la fatiga. Eran tan danzarines, y como jamás te vi bailar, se me hacía difícil imaginarme la conexión entre ellos y tus orejas. Ahora atiendo tus orejas con afán incomprensible. ¿Qué hay entre tu silencio y tu oído? Alguna tarde dejaré de mirarte, hoy no. Hoy retiraré mis huellas de los escondites donde solía espiarte. El eco de ninguna parte te dirá el te quiero que quieras escuchar. Te negaré inclusive de tus fotos, y acostumbraré mi corazón a tomar tu nombre cual si fuese una palabra extranjera. Pero sí me atreveré a dejar la flor que saldrá de esta semilla, esperanzado en que ella atravesará tu silencio.

Photo credit Frank Vincentz