Encontrando la acción principal en un cuento

Esta es una tarea habitual en el análisis de cuentos, pero dependiendo de la complejidad de la narración, es más -o menos- fácil encontrarla.

La acción principal es aquella que da sentido a la historia. Por sentido debe entenderse coherencia y curso de la historia. Para saber si la acción que escogiste es la principal, prueba a cambiarla. Si todo lo posterior adquiere otro o pierde significado, pues estás en la dirección correcta. Si por el contrario, la narración no pierde sentido, quizás la acción principal se encuentra en otra parte.

En ocasiones la acción principal puede ser tan solo un punto de partida (quizás en la introducción, o no), y todo lo demás es un monólogo, o una narración creada a partir de ese punto. Puede encontrar en el principio de la historia, mas no necesariamente en las primeras páginas. Quizás te des cuenta de ella una vez que estás en el desenlace de la historia, y piensas en qué lo provocó.

Breve comentario sobre la Literatura de Kafka

Esto surgió al responder una de las preguntas de Quora:

¿Cómo influyó Franz Kafka en la Literatura del siglo XX?, ¿cómo influyó en  otros, en términos de estilo, pensamiento filosófico o género literario?

Dan Strange en Flickr
Dan Strange en Flickr

Yo le leído y estudiado a Kafka por mi cuenta, y estoy en desacuerdo con lo que me enseñaron en el colegio, que el estilo de Kafka era el absurdo, y nada más. Algunos autores inclusive lo llaman el maestro del absurdo. Otros clasifican a Kafka de surrealista, debido a los rasgos fantásticos que atraviesan su obra. Yo creo que Kafka fue una persona bastante sensible, y su estilo está predominado por sus intentos de transmitir esa sensibilidad al mundo. Pienso que Kafka no escribió enfocándose en ser absurdo, por lo tanto, su verdadera influencia solo alcanza a quienes vislumbran algo más que el absurdo en sus libros. Su estilo de escritura es simple porque su contenido, las ideas que plantea son lo que hace funcionar la historia. No obstante, cuando usa el narrador en  primera persona, el lector puede encontrar una sorpresa, y descubrirse leyendo las palabras de un gorila, un perro, o un roedor. Kafka también influyó a filósofos principalmente por las paradojas de sus historias, las cuales usualmente dejan la respuesta al lector. Por ejemplo, en Ante la ley, el hombre muere esperando que la puerta de la Ley se abra, y entonces, en ese preciso momento, le dicen que nadie más que él podía haber pasado por esa puerta. Uno de los hechos más relevantes de Kafka es que después de leer sus libros, uno observa el mundo con diferentes ojos.

 

 

Ser único… y escribirlo

Para escribir se necesita ser único, y olvidamos que lo somos gracias a los medios de comunicación masivos y otras distracciones.

Wolfsoul en Flickr
Wolfsoul en Flickr

¿De qué nos distraemos? Del mundo, de las personas, y finalmente de la única verdad: no hay una sola realidad, y por eso se puede escribir sobre cualquiera de ellas. Es gracias a la diversidad de realidades que el arte subsiste, bien porque nos deslumbra, o bien porque pone frente a los ojos las miserias que el poder siempre trata de ocultar.

Claro que no se necesita ir a extremos para crear algo significativo. Basta con dejar a un lado palabras como normal y raro. No son palabras que se dejarán de usar de un momento a otro; es todo un proceso. En mi caso fueron años… no sabría decir cuántos. Una vez que se deja de pensar en lo normal y lo raro, se empieza  a nombrar las cosas simplemente según la perspectiva propia. Y los adjetivos y los adverbios comienzan a fluir.

Kapungo en Flickr
Kapungo en Flickr

Tener el valor de escribir lo que sentimos, sin prejuicios, sin temor a equivocarse, ahí radica el primer reto literario.

El recuerdo garantiza el olvido

Antiguo ensayo universitario basado en Funes, el memorioso

Hace varios, varios años, yo tenía miedo de leer a Borges. Sentía unos prejuicios ajenos, que interiorizaba por repetición e ignorancia. Funes, el memorioso me quitó ese miedo; trataré de explicar esa maravillosa experiencia.

La narración del cuento es en primera persona, y eso es un gran atractivo, pues de entrada se rompe la distancia entre texto y lector. El origen de este distanciamiento se debe a los teóricos anteriores a Ricoeur, quienes consideraban literarios solo los textos que cumplían determinados requisitos. Ellos olvidaban una de las razones principales de un texto: si no es leído, no existe. Dejando atrás el romanticismo de esta frase, en realidad hay varios elementos que destacan y explican el involucramiento de lector y texto. Por mencionar algunos, las imágenes o las metáforas descritas en el cuento.

Gisela Giardino en Flickr
Gisela Giardino en Flickr

Aún antes de formar una imagen, la reiteración de una palabra basta para generar sensaciones. Por ejemplo, al hacer repetir a una persona la palabra blanco en reiteradas ocasiones, cuando le preguntan ¿qué bebe la vaca?, frecuentemente responde leche. Funes, empieza con Lo recuerdo y usa el verbo en numerosas ocasiones durante el primer párrafo. Su uso disminuye paulatinamente hacia el final del cuento. Esto, sumado al narrador en primera persona, pone al lector frente a una persona aparentemente despistada. Conforme transcurre la historia, esta impresión cambia por la de un sujeto que conoció a alguien con una capacidad inusual: no olvidar. Una frase habría bastado para expresar su fascinación por Funes, pero -y ahí lo literario también depende del autor- esta se entiende cuando el narrador comienza su historia, e inclusive se muestra indigno de usar “recordar”: “Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto)”.

Como si esto no fuese suficiente para captar al lector, inmediatamente se lo hace partícipe, al mencionar que será uno de los editores que revisará el volumen que reúne los testimonios sobre Funes. Este carácter testimonial del cuento le da estructura y facilita su familiaridad con el lector. La imagen más fuerte del relato es sin duda la capacidad de Funes de retenerlo todo. ¿Todo? Pues sí: ¿para qué encender la luz del cuarto, si ya se sabe dónde está todo, y cualquier cambio queda registrado en la memoria? Esta cualidad tiene dos referentes, que se explican en términos de marco y foco.

Como Marco funciona la Humanidad que alaba la capacidad de retener conocimientos. Una computadora posee una mayor retención de información, y sin embargo, están muy lejos de ser independientes y mostrarse rebeldes y aniquiladoras, como en ciertos filmes de ciencia ficción como Terminator o Resident Evil. Memorizarlo todo significa cambiar el saber de recipiente, pero antaño, más que significar, era una garantía de inteligencia en las escuelas. El foco lo da Borges, al preguntarse y contestar en forma de cuento, ¿qué pasaría si alguien recuerda todo?

Tras terminar el cuento, se pueden agregar acotaciones a la respuesta de Borges: ¿perderíamos nuestra capacidad de asombro?, ¿encontraríamos la intertextualidad en todo lo que nos rodea? Me pregunto eso porque el narrador de Funes… no sugiere ninguna característica que lo destaque. Por el contrario, el narrador menciona su insignificancia. (Me pregunto qué hubiese conversado con Funes. O, imaginándome en su lugar, y dada mi fascinación por el cine silente y la literatura clásica, pienso si me pasaría mi vida buscando todo lo antiguo, original. No solamente por cuestión estética, sino porque necesitaría siempre encontrar algo cada vez más antiguo; probablemente me sería imposible repetir y disfrutar un buen libro o filme).

Three Legged Bird en Flickr
Three Legged Bird en Flickr

Además de los significados provocados por la impresionante imagen de conocer a alguien que no podía olvidar, hay otros que pueden ser reconocidos como parte del estilo de Borges. En Funes…, es la comparación entre Funes y Zarathustra: Funes, precursor de los superhombres, un Zarathustra cimarrón y vernáculo. ¿Comparación? Más bien razón del cuento: no era una pregunta de Borges, sino una interrogante de Nietzsche, en la cual proponía imaginar un hombre sin el poder de olvidar. Este hombre, dotada de una memoria incorruptible, existiría en un limbo, lejos de lo humano imperfecto, víctima de su dualidad, pues ya es perfecto en algo. No es inmortal, pero ha perdido su humanidad.

De Borges se dice que no hay casualidad en sus textos. Descubrir la referencia de Nietzsche, es reconocer la habilidad de Borges para dirigir sus textos a varios niveles de lectura. Todos tienen la capacidad de disfrutar con un cuento de Borges, basta colocar el texto adecuado frente al lector adecuado. Si un lector no descubre la referencia a Nietzsche, puede encontrar otras explicaciones a “precursor del superhombre”. Súper intensifica una cualidad, ¿qué se intensificaría en el caso del hombre? Responder esto sin filosofar al respecto, significaría pedir socorro al manual de diversas instituciones religiosas (libros santos), pues, ¿cuál es nuestro origen?, ¿de dónde venimos? Esta pregunta existencial no es lanzada delirantemente, aunque así parece, por encontrarse al límite de las sensaciones producidas por el cuento. Si Funes encontraba soso su hábitat, pues todo le resultaba conocido, ¿por qué no migrar a otra parte? Es cierto que el peso de los recuerdos era insoportable, pero si elegía un camino peligroso, podía encontrar una mortal sorpresa, y ser feliz mientras alguien lo asesina, porque al fin ha llegado al último recuerdo.

En conclusión, en tanto Funes no puede olvidar, tampoco es creíble que recuerde, porque recordar significa rescate, y la memoria de Funes es un presente siempre disponible.

Bartleby, autor de Herman Melville

Stathis Stavrianos en Flickr
Stathis Stavrianos en Flickr

 

¿Por qué escribió Kafka?, ¿por qué sus palabras, entre otras de varios y diversos seres humanos, sacuden al lector? Estas interrogantes que introducen el ensayo, pertenecen al autor que se crea junto con ellas. Existe una firma de quien escribe, sí, pero es una necesidad formal, un ancla inevitable. Este autor se pregunta por qué escribió Kafka, para fundamentar la premisa que da nombre al ensayo.

Blanchot dice: Cuando Kafka escribe: “Él miraba por la ventana”, se encuentra en una especie de inspiración tal que esta frase ya es perfecta. Esto sugiere que son las palabras quienes hacen a los autores, y no al revés, como se cree comúnmente. ¿Qué mundo común es ese?, ¿acaso uno inculto, analfabeto, o marginal? No necesariamente. Ya que las palabras no solamente hacen autores, sino también lectores, y entre estos últimos, hay quienes leen La Transformación/metamorfosis como un libro más, y quienes, al despegar los ojos del libro, no vuelven a ver su  mundo con los mismos ojos.

Kristina Alexanderson en Flickr

Gracias a la lectura, no existe una fórmula para crear autores. Los autores de best-seller lo evidencian. Ellos mismos hablan sobre ellos -junto a sus lectores poco ambiciosos- pues saben que nadie más quiere molestarse. Hablan de trucos de magia para escribir, pues están en la cima de un pedestal que ellos mismos han inventado -o sus lectores-. Estos autores son mortales desde en el momento en que atrapan palabras y las estampan sobre una inocente página.

Los autores que se inventan a partir de palabras padecen una extraña relación con sus textos. Y la falta de imaginación ( esfuerzo) de los lectores del mundo, permite que existan varios libros atribuidos a una misma persona. En esas circunstancias, por un lado es creíble que Herman Melville haya escrito todos sus libros; y por otro, el autor de sus textos puede continuar vagando por el mundo, esperando encontrar una oreja atenta a su dictado. Cuando Melville escribe sobre Bartleby, es Bartleby quien inventa a Herman Melville. No a cualquiera; el Herman de Bartleby no es el Herman que todos conocen.

Retomando a Blanchot y la paradoja de una obra existente sin autor, y un autor que solamente existe a partir de ella, es posible cuestionar la pertenencia de los textos de Melville. ¿Son realmente suyos o en realidad pertenecen a las circunstancias en los cuales fueron creados? Mejor dicho, ¿por qué Bartleby inventó a Melville y no a otro autor? Porque ambos se han encontrado en la Nada, y de su encuentro, la novela es un testimonio indescifrable.

Se necesitaría otro Melville para desvelar, en la novela, las palabras de ese encuentro  memorable. ¿Cuál encuentro? Aquel que sugiere Blanchot, el diálogo entre dos voces: una que impulsa a escribir, otra que trata de contenerlo, haciéndole notar lo inútil de su trabajo. Una dice: No escribirás, seguirás siendo nada, guardarás silencio, desconocerás las palabras. La otra: Conoce sólo las palabras. Una necesidad, voluntad ajena a ambos, interrumpe su existencia y los atrae a la Nada, como se menciona constantemente en La literatura y el derecho a la muerte.

Vincepal en Flickr
Vincepal en Flickr

¿Lo escrito en la Nada se queda en la Nada? Evidentemente no: se hace público, y en este sentido, autor y obra se mezclan, conviven y desaparecen. La obra puede ser entendida como autora de su autor. El origen de esta dualidad de autores nace en el autor mismo, quien está escindido desde el momento en que escribe y se aparta de su texto. Aparece desde esa distinción entre el autor que crea, y el autor que habita al ser humano que vive, crea, y finalmente muere. Como es su derecho.

Fuentes:

Best sellers vs literatura: Un combate entre dos formas de usar las letras

Como he mencionado en algunos posts y cada cierto tiempo en mi cuenta de Twitter, estoy a favor de la creación literaria contemporánea; es decir, me gusta apoyar/animar/invitar a las personas que se animan a vivir esta gran experiencia de escribir.

Lo que me causa disgusto es el consumo de best-sellers, y recomendar sus lecturas, dejando atrás, haciendo a un lado (ignorando) a los clásicos, como si esos libros nunca hubiesen existido. Pero si los best-sellers les encantan y ya no quieren seguir leyendo este post, les dejo este enlace para que ‘hagan su propia novela al estilo de Dan Brown‘.

Y a continuación comparto algunos puntos interesantes en este tema, que encontré en un post que conocí en Google Plus (¡sí, Microliteraturas está en G+!). Lo que me encantó fue a forma de presentar el tema en cuestión. El post pertenece a Narratividad IHLM, y pueden leer el texto completo en este enlace.

Best sellers vs literatura 1 round. Presentación de los púgiles

En un extremo… El best seller: luminoso animal lleno de estimulantes historias que vive de la certeza absoluta, el mensaje entero, completo; la narración perfecta sin dobles sentidos. Quienes no dominan lenguas tienden a pensar en el best seller como el que vende mucho, pero están en un error. El best seller es el que vende mejor. Esto es, el artefacto de letras fabricado con el ánimo de gustar, ser deglutido y consumido con voracidad. Si el glutamato sódico pudiera ser leído, no habría best seller sin él. más ambiciosos lo llevarían. Y al otro… La literatura: oscuro enigma irresoluble que solo se completa con la intervención de quien lee, elaborado a base de experimentación. Bebe de otros enigmas irresolubles y solo cuando acumulamos unos cuantos de estos, en un vasto esfuerzo de acumulación de lecturas, adquieren cierto sentido. Los hay ácidos, salados, amargos, e incluso estúpidos. No ofrecen certezas sino preguntas. La insatisfacción que producen equivale a la curiosidad que despiertan, y nos llevan a leer más y más enigmas oscuros e irresolubles, con el fin de adivinar intenciones, crujir nuestras convicciones, edificar nuestras propias conclusiones.

2 round. Diferencias entre ambos conceptos

3 round. Suspendido por marrullería en la pelea

4 round. El público se emociona

¿Aprender narratividad es aprender a escribir best sellers? ¿Por qué confundimos lectura con literatura? ¿Es mejor la literatura que el best seller? ¿Dónde hay más obras maestras, entre los best sellers o en la literatura?

5 round. Tareas tras el combate. (A partir de un texto de Julio Cortázar).

6 round. Un texto literario, o best seller, dirigido a provocar el KO en púgiles y público. (Un texto de Osvaldo Lamborghini) Acá el post completo de Narratividad IHLM.

¿Este texto ha caído en sus manos espontáneamente?, o ¿ha sido el resultado de un ritual de convocación?

Empiezo este ensayo con la pregunta que no nos hace un texto, así como la obra es una respuesta a una pregunta inexistente. En ambos casos, la voluntad aparece como un juego: el texto depende del autor para existir, y al mismo tiempo, no es tal si todo el mundo la ignora. Algunos autores dicen ser los responsables de sus obras, como si ostentaran un título. A esos autores les gusta escribir y así se ganan su vida.

¿Su vida?, no, al contrario, con ese dinero adquieren productos a los cuales no tenían acceso. Y así se trasladan de una instancia creadora nativa del continuum, a una comercial. Otros, en cambio firman sus obras y las ponen a la venta con el recelo de perder una pertenencia. A veces obtienen una fortuna que no hace sino complicar su vida, y desnivelarla en contextos nunca pensados. Por desnivelación me refiero a que ellos, al momento de llamarse autores, están estableciendo claramente a dónde no pertenecen. Y obviamente, con el dinero, vuelven a colocarse sobre otros autores con menos dinero.

No quiero decir que estos sean todos los tipos de autores, apenas una mera clasificación. En tercera y última categoría están aquellos autores con el corazón o la mente escindidos. Estos autores difieren de los anteriores, por el simple hecho de sentirse a la vez culpables e irrelevantes sobre sus obras. Ellos se llaman escogidos, escogidos por la obra para existir. Dicen que ellos no la hicieron, que ella los escogió. Estos autores actúan como catalizadores de una instancia creadora del continuum hacia la sociedad.

En lo referente al texto, ¿existe sin el el lector o sin el autor? Dada mi explicación sobre los autores como mediadores, no hay texto sin lector. Así que la importancia o validez de una obra, son sus lecturas, no el número de lectores. Lector puede ser cualquier sujeto alfabetizado, pero una buena lectura aniquila totalmente al autor, y reproduce la obra. La obra es inmortal, está antes y después del autor.  Sin lector no.

Pierre menard solía llevar un cuaderno y hacer una alegre fogata. ¿Qué significa este absurdo de escribir y quemar? Puede refutar al lector (pues la obra ha sido y ha expirado) y al autor, la obra surge por su voluntad, y por lo mismo decide cuándo expirar.  En conclusión, el encuentro entre lector y texto es un juego de voluntades invitadas a jugar por el autor. Él solamente reparte unas cartas que nadie agradece. Es su juego, pero no puede jugarlo.