Bartleby, autor de Herman Melville

Stathis Stavrianos en Flickr

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¿Por qué escribió Kafka?, ¿por qué sus palabras, entre otras de varios y diversos seres humanos, sacuden al lector? Estas interrogantes que introducen el ensayo, pertenecen al autor que se crea junto con ellas. Existe una firma de quien escribe, sí, pero es una necesidad formal, un ancla inevitable. Este autor se pregunta por qué escribió Kafka, para fundamentar la premisa que da nombre al ensayo.

Blanchot dice: Cuando Kafka escribe: “Él miraba por la ventana”, se encuentra en una especie de inspiración tal que esta frase ya es perfecta. Esto sugiere que son las palabras quienes hacen a los autores, y no al revés, como se cree comúnmente. ¿Qué mundo común es ese?, ¿acaso uno inculto, analfabeto, o marginal? No necesariamente. Ya que las palabras no solamente hacen autores, sino también lectores, y entre estos últimos, hay quienes leen La Transformación/metamorfosis como un libro más, y quienes, al despegar los ojos del libro, no vuelven a ver su  mundo con los mismos ojos.

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Gracias a la lectura, no existe una fórmula para crear autores. Los autores de best-seller lo evidencian. Ellos mismos hablan sobre ellos -junto a sus lectores poco ambiciosos- pues saben que nadie más quiere molestarse. Hablan de trucos de magia para escribir, pues están en la cima de un pedestal que ellos mismos han inventado -o sus lectores-. Estos autores son mortales desde en el momento en que atrapan palabras y las estampan sobre una inocente página.

Los autores que se inventan a partir de palabras padecen una extraña relación con sus textos. Y la falta de imaginación ( esfuerzo) de los lectores del mundo, permite que existan varios libros atribuidos a una misma persona. En esas circunstancias, por un lado es creíble que Herman Melville haya escrito todos sus libros; y por otro, el autor de sus textos puede continuar vagando por el mundo, esperando encontrar una oreja atenta a su dictado. Cuando Melville escribe sobre Bartleby, es Bartleby quien inventa a Herman Melville. No a cualquiera; el Herman de Bartleby no es el Herman que todos conocen.

Retomando a Blanchot y la paradoja de una obra existente sin autor, y un autor que solamente existe a partir de ella, es posible cuestionar la pertenencia de los textos de Melville. ¿Son realmente suyos o en realidad pertenecen a las circunstancias en los cuales fueron creados? Mejor dicho, ¿por qué Bartleby inventó a Melville y no a otro autor? Porque ambos se han encontrado en la Nada, y de su encuentro, la novela es un testimonio indescifrable.

Se necesitaría otro Melville para desvelar, en la novela, las palabras de ese encuentro  memorable. ¿Cuál encuentro? Aquel que sugiere Blanchot, el diálogo entre dos voces: una que impulsa a escribir, otra que trata de contenerlo, haciéndole notar lo inútil de su trabajo. Una dice: No escribirás, seguirás siendo nada, guardarás silencio, desconocerás las palabras. La otra: Conoce sólo las palabras. Una necesidad, voluntad ajena a ambos, interrumpe su existencia y los atrae a la Nada, como se menciona constantemente en La literatura y el derecho a la muerte.

Vincepal en Flickr

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¿Lo escrito en la Nada se queda en la Nada? Evidentemente no: se hace público, y en este sentido, autor y obra se mezclan, conviven y desaparecen. La obra puede ser entendida como autora de su autor. El origen de esta dualidad de autores nace en el autor mismo, quien está escindido desde el momento en que escribe y se aparta de su texto. Aparece desde esa distinción entre el autor que crea, y el autor que habita al ser humano que vive, crea, y finalmente muere. Como es su derecho.

Fuentes:

Best sellers vs literatura: Un combate entre dos formas de usar las letras

Como he mencionado en algunos posts y cada cierto tiempo en mi cuenta de Twitter, estoy a favor de la creación literaria contemporánea; es decir, me gusta apoyar/animar/invitar a las personas que se animan a vivir esta gran experiencia de escribir.

Lo que me causa disgusto es el consumo de best-sellers, y recomendar sus lecturas, dejando atrás, haciendo a un lado (ignorando) a los clásicos, como si esos libros nunca hubiesen existido. Pero si los best-sellers les encantan y ya no quieren seguir leyendo este post, les dejo este enlace para que ‘hagan su propia novela al estilo de Dan Brown‘.

Y a continuación comparto algunos puntos interesantes en este tema, que encontré en un post que conocí en Google Plus (¡sí, Microliteraturas está en G+!). Lo que me encantó fue a forma de presentar el tema en cuestión. El post pertenece a Narratividad IHLM, y pueden leer el texto completo en este enlace.

Best sellers vs literatura 1 round. Presentación de los púgiles

En un extremo… El best seller: luminoso animal lleno de estimulantes historias que vive de la certeza absoluta, el mensaje entero, completo; la narración perfecta sin dobles sentidos. Quienes no dominan lenguas tienden a pensar en el best seller como el que vende mucho, pero están en un error. El best seller es el que vende mejor. Esto es, el artefacto de letras fabricado con el ánimo de gustar, ser deglutido y consumido con voracidad. Si el glutamato sódico pudiera ser leído, no habría best seller sin él. más ambiciosos lo llevarían. Y al otro… La literatura: oscuro enigma irresoluble que solo se completa con la intervención de quien lee, elaborado a base de experimentación. Bebe de otros enigmas irresolubles y solo cuando acumulamos unos cuantos de estos, en un vasto esfuerzo de acumulación de lecturas, adquieren cierto sentido. Los hay ácidos, salados, amargos, e incluso estúpidos. No ofrecen certezas sino preguntas. La insatisfacción que producen equivale a la curiosidad que despiertan, y nos llevan a leer más y más enigmas oscuros e irresolubles, con el fin de adivinar intenciones, crujir nuestras convicciones, edificar nuestras propias conclusiones.

2 round. Diferencias entre ambos conceptos

3 round. Suspendido por marrullería en la pelea

4 round. El público se emociona

¿Aprender narratividad es aprender a escribir best sellers? ¿Por qué confundimos lectura con literatura? ¿Es mejor la literatura que el best seller? ¿Dónde hay más obras maestras, entre los best sellers o en la literatura?

5 round. Tareas tras el combate. (A partir de un texto de Julio Cortázar).

6 round. Un texto literario, o best seller, dirigido a provocar el KO en púgiles y público. (Un texto de Osvaldo Lamborghini) Acá el post completo de Narratividad IHLM.

¿Este texto ha caído en sus manos espontáneamente?, o ¿ha sido el resultado de un ritual de convocación?

Empiezo este ensayo con la pregunta que no nos hace un texto, así como la obra es una respuesta a una pregunta inexistente. En ambos casos, la voluntad aparece como un juego: el texto depende del autor para existir, y al mismo tiempo, no es tal si todo el mundo la ignora. Algunos autores dicen ser los responsables de sus obras, como si ostentaran un título. A esos autores les gusta escribir y así se ganan su vida.

¿Su vida?, no, al contrario, con ese dinero adquieren productos a los cuales no tenían acceso. Y así se trasladan de una instancia creadora nativa del continuum, a una comercial. Otros, en cambio firman sus obras y las ponen a la venta con el recelo de perder una pertenencia. A veces obtienen una fortuna que no hace sino complicar su vida, y desnivelarla en contextos nunca pensados. Por desnivelación me refiero a que ellos, al momento de llamarse autores, están estableciendo claramente a dónde no pertenecen. Y obviamente, con el dinero, vuelven a colocarse sobre otros autores con menos dinero.

No quiero decir que estos sean todos los tipos de autores, apenas una mera clasificación. En tercera y última categoría están aquellos autores con el corazón o la mente escindidos. Estos autores difieren de los anteriores, por el simple hecho de sentirse a la vez culpables e irrelevantes sobre sus obras. Ellos se llaman escogidos, escogidos por la obra para existir. Dicen que ellos no la hicieron, que ella los escogió. Estos autores actúan como catalizadores de una instancia creadora del continuum hacia la sociedad.

En lo referente al texto, ¿existe sin el el lector o sin el autor? Dada mi explicación sobre los autores como mediadores, no hay texto sin lector. Así que la importancia o validez de una obra, son sus lecturas, no el número de lectores. Lector puede ser cualquier sujeto alfabetizado, pero una buena lectura aniquila totalmente al autor, y reproduce la obra. La obra es inmortal, está antes y después del autor.  Sin lector no.

Pierre menard solía llevar un cuaderno y hacer una alegre fogata. ¿Qué significa este absurdo de escribir y quemar? Puede refutar al lector (pues la obra ha sido y ha expirado) y al autor, la obra surge por su voluntad, y por lo mismo decide cuándo expirar.  En conclusión, el encuentro entre lector y texto es un juego de voluntades invitadas a jugar por el autor. Él solamente reparte unas cartas que nadie agradece. Es su juego, pero no puede jugarlo.

Dichos comentados

Una vez vi una convocatoria para escritores que debían comentar sobre dichos de la ciudad; de inmediato me desanimé, pues no me jacto de conocer mucho a la gente de esta ciudad. Ni a la ciudad. Una amiga quería participar, pero nunca nos pusimos de acuerdo sobre los dichos. Y con lo desmemoriado que soy, no sé si pasó una semana, o un mes, y me contactaron los de la convocatoria; había sido recomendado por un compañero de la U. Ellos me entregaban los dichos, y yo solo debía escribir al respecto. Entregué mi comentario del primer dicho, les gustó, y me dieron otros tres pero solo hice dos más; no conocía el último dicho. Fue una colaboración. Sé que ese libro debe andar en alguna librería, y será bastante grato encontrarlo, señalar mi nombre y tomarme una foto. No sé si escogieron todos mis comentarios, o solo uno, así que comparto los tres.

Más salado que calzoncillo de pescador

Si bien la mala suerte significa una contrariedad para el afectado, los demás siempre encontrarán el humor en la desgracia ajena. Esta actitud, que en apariencia podría resultar cruel, insensible, busca justamente lo contrario, pues, el comentario jocoso devuelve la sonrisa a quien, apenas hace un momento, se lamentaba. Quizás por esto, en lugar de usar términos relacionados con la desgracia y el infortunio, se usa la expresión ‘salado’ para señalar la falta de suerte. Más salado que calzoncillo de pescador expresa compadecimiento, no por cualquier persona salada, sino por alguien más salado que la prenda más íntima de un pescador.

No sea malito

El uso del diminutivo es una de las diversas características del habla quiteño. Según el tono de voz, puede significar afecto o burla. Además, tiene el poder de disminuir la agresividad de un insulto, e inclusive, transformarlo en algo cariñoso, como tontito. El diminutivo no se usa con cualquier persona, es una muestra de confianza, de aprecio. Por supuesto, hay personas demasiado amistosas, o demasiado confianzudas, y lo usan en casi todas las circunstancias de su vida. Pero el diminutivo también puede ser un recurso, una forma de convencer a un extraño para que nos conceda su favor. No sea malito es una forma de decir: por favor, sea bueno.

Orinar fuera del pilche

Que un hombre no apunte bien en el baño se puede deber a dos cosas: inspiración o falta de concentración. (Asumiendo que se encuentra saludable y el servicio higiénico es el adecuado). Inesperadamente le ha llegado la solución a sus problemas, ante lo cual la puntería es un tema irrelevante. Sin embargo, que no pueda concentrarse ni si quiera para apuntar durante unos segundos (o minutos en algunos casos), señala una gran falta de atención. Por esto, orinar fuera del pilche se usa cuando alguien actúa de manera contraria a la esperada, no por un arrebato de originalidad, sino por pura y simple distracción.

 

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¿Para qué escribo?

Pese a que los fines de la escritura pueden ser diversos, generalmente se escribe porque se tiene algo que contar. Es ese algo y la forma de contarlo lo que diferencia la experiencia de una persona de otra, un escritor de otro, un estilo de otro.

Con fines de la escritura me refiero a los objetivos personales de quien escribe. Es más específico si ocurre una sola vez, pero si escribir se vuelve frecuente, tarde o temprano aparece la pregunta: ¿para qué escribo?

Sé que es una preguntar personal, y la importancia de responderla radica en trascender. Si uno quiere escribir y dejar sus textos escondidos del resto del mundo, no hay nada de malo en ello. Eso sí, no puede clasificarse como un escritor propiamente, porque no hay escritor sin lector. Enseñar los textos es un riesgo que hay que correr eventualmente, y se debe aprender sacar lo mejor de todos los comentarios. Y digo todos, porque si uno se acostumbra a ignorar los comentarios negativos, dejará de cuestionar su escritura y creerá que ya no comete errores. El objetivo no es evitarlos sino aprender y cometer nuevos errores.

Cuando empecé a escribir lo hacía para mi familia y amigos. Luego tuve cierta conciencia social, y quería escribir para cambiar el mundo. También quise escribir para alcanzar una perfección estética, y finalmente quise retomar nuevamente lo de crear conciencia social. Por suerte, he superado esas etapas, y ahora tengo claro las razones por las que escribo: para hacer pensar al lector. No quiero decir que mis textos estén llenos de símbolos, listos para ser codificados. Nada de eso. Yo quiero que el lector reflexione a partir de los temas que cuestiono. Tan simple y complicado como eso. No hay temas intocables ni personas intocables.

Y claro, como no he podido evitar demasiado el contexto en el que vivo, he escrito contra el acto de votar, el actual presidente, el gobierno y la forma de gobernar; esos son los temas de los que no me puedo desapegar tanto como quisiera. Así no vea ni lea noticias, siempre hay algún pariente o amigo que me cuenta la más reciente estupidez del gobierno, y/o de la actual alcaldía. Eso sí, lo que siempre trato en esos microcuentos, es que puedan ser entendidos en otra parte. (Y cómo no van a serlo, si la política es prácticamente un malestar mundial).

Nota: cuando te preguntes para qué escribes, no dejes un texto a medias.

Si te preocupa que tus palabras no tienen la repercusión que esperas, no te preocupes: ser un best-seller tiene más méritos comerciales que literarios. ¡Mejor apuesta a ser un long-seller!

Si crees que la escritura no es lo tuyo, lleva tus textos a otras personas, y deja que sean los lectores quienes decidan.

Siempre busca más lectores, otros lectores, nuevos lectores :)

Descripción de la otra mascota

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Se llama Israel, y aunque es un gato común por acá,  en otros lugares es muchísimo más apreciado porque resulta exótico. Es bastante similar a otros gatos de su raza, sobre todo en el diseño de sus rayas, pero lo más importante es que es mío :)

Es apreciado por todos en la casa, incluso por los que no sentíamos afinidad por los gatos. Conocerlo me ha hecho informarme sobre ellos, y a pesar de intuir y comprender por qué hace ciertas cosas, nunca deja de resultarme sorprendente. A veces intenta cazarme y se lanza a mis pies. A veces le sorprendo acechándome y trato de escapar; corro por mi vida, y él corre detrás.

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Yo había visto fotos de gatos y perros jugando juntos, y siempre pensé que eso pasaba cuando se criaban juntos. Nunca creí que Scrapi, a su edad, jugaría con un gato. Es más, el gato juega con la comida y el agua del perro; sin miedo pero con cuidado. Cuando juega con Scrapi parece inofensivo, como si no poseyera unas temibles garras y unas patas poderosas. Cuando juega con humanos, casi es un salvaje. En ocasiones le hago que me persiga durante un rato… hasta que me canso y le  hago jugar con alguna cuerda, lana o semejante.

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Cuando era pequeño solía dormir en mi cuarto; ahora, solo se hospeda cuando le apetece. Si mi cuarto no está disponible, él no se complica: nadie en la casa le ha negado albergue. Quisiera creer que escoge mi cuarto porque le simpatizo, pero creo que el principal atractivo es que mi habitación pasa todo el día a oscuras… excepto cuando estoy yo: un par de horas al día, y casi 8 horas en la noche ;)

Israel no maúlla mucho; me encanta escucharlo cuando lo hace.

Sobre Ejercicios de estilo de Raymond Queneau

En la aventura de escribir, a veces se tiende a imitar, por lo que es aconsejable librarse pronto de las influencias, buscar nuevas. Lo importante es el estilo, cuya búsqueda no siempre se resuelve con la literatura, pero sirve. Como decía Jorge Luis Borges: No somos lo que somos por lo que escribimos, sino por lo que leemos.  

Raymond Queneau (1903-1976) fue un autor que desempeñó diversas actividades, desde letrista de canciones hasta matemático. Todas, indudablemente fundamentales para la composición de Ejercicios de estilo. El libro consta de 99 variantes de una anécdota bastante simple que, gracias a la creatividad del autor, se leen siempre con sorpresa, a pesar de conocer el argumento de entrada. He aquí algunos ejemplos:

Metafóricamente: En el centro del día, tirado en el montón de sardinas viajeras de un coleóptero de abdomen blancuzco, un pollo de largo cuello desplumado arengó de pronto a una, tranquila, de entre ellas, y su lenguaje se desplegó por los aires, húmedo de protesta. Después, atraído por un vacío, el pajarito se precipitó sobre él.

En un triste medio urbano, volví a verlo el mismo día, mientras se dejaba poner las peras a cuarto a causa de un botón cualquiera.

Antonímico: Medianoche. Llueve. Los autobuses pasan casi vacíos. Sobre el capó de un AI que viene de la Bastilla, un viejo con la cabeza hundida entre los hombros que no lleva sombrero agradece a una señora situada muy lejos de él que le acaricie las manos. Después va a ponerse de pie sobre las rodillas de un señor que permanece sentado  en su sitio.

Dos horas antes, detrás de la estación de Lión, este viejo se tapaba las orejas para no oír a un mendigo que se negaba a decirle que le hacía falta bajar un ojal el botón inferior de su calzoncillo.