Ser único… y escribirlo

Para escribir se necesita ser único, y olvidamos que lo somos gracias a los medios de comunicación masivos y otras distracciones.

Wolfsoul en Flickr

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¿De qué nos distraemos? Del mundo, de las personas, y finalmente de la única verdad: no hay una sola realidad, y por eso se puede escribir sobre cualquiera de ellas. Es gracias a la diversidad de realidades que el arte subsiste, bien porque nos deslumbra, o bien porque pone frente a los ojos las miserias que el poder siempre trata de ocultar.

Claro que no se necesita ir a extremos para crear algo significativo. Basta con dejar a un lado palabras como normal y raro. No son palabras que se dejarán de usar de un momento a otro; es todo un proceso. En mi caso fueron años… no sabría decir cuántos. Una vez que se deja de pensar en lo normal y lo raro, se empieza  a nombrar las cosas simplemente según la perspectiva propia. Y los adjetivos y los adverbios comienzan a fluir.

Kapungo en Flickr

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Tener el valor de escribir lo que sentimos, sin prejuicios, sin temor a equivocarse, ahí radica el primer reto literario.

El recuerdo garantiza el olvido

Antiguo ensayo universitario basado en Funes, el memorioso

Hace varios, varios años, yo tenía miedo de leer a Borges. Sentía unos prejuicios ajenos, que interiorizaba por repetición e ignorancia. Funes, el memorioso me quitó ese miedo; trataré de explicar esa maravillosa experiencia.

La narración del cuento es en primera persona, y eso es un gran atractivo, pues de entrada se rompe la distancia entre texto y lector. El origen de este distanciamiento se debe a los teóricos anteriores a Ricoeur, quienes consideraban literarios solo los textos que cumplían determinados requisitos. Ellos olvidaban una de las razones principales de un texto: si no es leído, no existe. Dejando atrás el romanticismo de esta frase, en realidad hay varios elementos que destacan y explican el involucramiento de lector y texto. Por mencionar algunos, las imágenes o las metáforas descritas en el cuento.

Gisela Giardino en Flickr

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Aún antes de formar una imagen, la reiteración de una palabra basta para generar sensaciones. Por ejemplo, al hacer repetir a una persona la palabra blanco en reiteradas ocasiones, cuando le preguntan ¿qué bebe la vaca?, frecuentemente responde leche. Funes, empieza con Lo recuerdo y usa el verbo en numerosas ocasiones durante el primer párrafo. Su uso disminuye paulatinamente hacia el final del cuento. Esto, sumado al narrador en primera persona, pone al lector frente a una persona aparentemente despistada. Conforme transcurre la historia, esta impresión cambia por la de un sujeto que conoció a alguien con una capacidad inusual: no olvidar. Una frase habría bastado para expresar su fascinación por Funes, pero -y ahí lo literario también depende del autor- esta se entiende cuando el narrador comienza su historia, e inclusive se muestra indigno de usar “recordar”: “Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto)”.

Como si esto no fuese suficiente para captar al lector, inmediatamente se lo hace partícipe, al mencionar que será uno de los editores que revisará el volumen que reúne los testimonios sobre Funes. Este carácter testimonial del cuento le da estructura y facilita su familiaridad con el lector. La imagen más fuerte del relato es sin duda la capacidad de Funes de retenerlo todo. ¿Todo? Pues sí: ¿para qué encender la luz del cuarto, si ya se sabe dónde está todo, y cualquier cambio queda registrado en la memoria? Esta cualidad tiene dos referentes, que se explican en términos de marco y foco.

Como Marco funciona la Humanidad que alaba la capacidad de retener conocimientos. Una computadora posee una mayor retención de información, y sin embargo, están muy lejos de ser independientes y mostrarse rebeldes y aniquiladoras, como en ciertos filmes de ciencia ficción como Terminator o Resident Evil. Memorizarlo todo significa cambiar el saber de recipiente, pero antaño, más que significar, era una garantía de inteligencia en las escuelas. El foco lo da Borges, al preguntarse y contestar en forma de cuento, ¿qué pasaría si alguien recuerda todo?

Tras terminar el cuento, se pueden agregar acotaciones a la respuesta de Borges: ¿perderíamos nuestra capacidad de asombro?, ¿encontraríamos la intertextualidad en todo lo que nos rodea? Me pregunto eso porque el narrador de Funes… no sugiere ninguna característica que lo destaque. Por el contrario, el narrador menciona su insignificancia. (Me pregunto qué hubiese conversado con Funes. O, imaginándome en su lugar, y dada mi fascinación por el cine silente y la literatura clásica, pienso si me pasaría mi vida buscando todo lo antiguo, original. No solamente por cuestión estética, sino porque necesitaría siempre encontrar algo cada vez más antiguo; probablemente me sería imposible repetir y disfrutar un buen libro o filme).

Three Legged Bird en Flickr

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Además de los significados provocados por la impresionante imagen de conocer a alguien que no podía olvidar, hay otros que pueden ser reconocidos como parte del estilo de Borges. En Funes…, es la comparación entre Funes y Zarathustra: Funes, precursor de los superhombres, un Zarathustra cimarrón y vernáculo. ¿Comparación? Más bien razón del cuento: no era una pregunta de Borges, sino una interrogante de Nietzsche, en la cual proponía imaginar un hombre sin el poder de olvidar. Este hombre, dotada de una memoria incorruptible, existiría en un limbo, lejos de lo humano imperfecto, víctima de su dualidad, pues ya es perfecto en algo. No es inmortal, pero ha perdido su humanidad.

De Borges se dice que no hay casualidad en sus textos. Descubrir la referencia de Nietzsche, es reconocer la habilidad de Borges para dirigir sus textos a varios niveles de lectura. Todos tienen la capacidad de disfrutar con un cuento de Borges, basta colocar el texto adecuado frente al lector adecuado. Si un lector no descubre la referencia a Nietzsche, puede encontrar otras explicaciones a “precursor del superhombre”. Súper intensifica una cualidad, ¿qué se intensificaría en el caso del hombre? Responder esto sin filosofar al respecto, significaría pedir socorro al manual de diversas instituciones religiosas (libros santos), pues, ¿cuál es nuestro origen?, ¿de dónde venimos? Esta pregunta existencial no es lanzada delirantemente, aunque así parece, por encontrarse al límite de las sensaciones producidas por el cuento. Si Funes encontraba soso su hábitat, pues todo le resultaba conocido, ¿por qué no migrar a otra parte? Es cierto que el peso de los recuerdos era insoportable, pero si elegía un camino peligroso, podía encontrar una mortal sorpresa, y ser feliz mientras alguien lo asesina, porque al fin ha llegado al último recuerdo.

En conclusión, en tanto Funes no puede olvidar, tampoco es creíble que recuerde, porque recordar significa rescate, y la memoria de Funes es un presente siempre disponible.

Bartleby, autor de Herman Melville

Stathis Stavrianos en Flickr

Stathis Stavrianos en Flickr

 

¿Por qué escribió Kafka?, ¿por qué sus palabras, entre otras de varios y diversos seres humanos, sacuden al lector? Estas interrogantes que introducen el ensayo, pertenecen al autor que se crea junto con ellas. Existe una firma de quien escribe, sí, pero es una necesidad formal, un ancla inevitable. Este autor se pregunta por qué escribió Kafka, para fundamentar la premisa que da nombre al ensayo.

Blanchot dice: Cuando Kafka escribe: “Él miraba por la ventana”, se encuentra en una especie de inspiración tal que esta frase ya es perfecta. Esto sugiere que son las palabras quienes hacen a los autores, y no al revés, como se cree comúnmente. ¿Qué mundo común es ese?, ¿acaso uno inculto, analfabeto, o marginal? No necesariamente. Ya que las palabras no solamente hacen autores, sino también lectores, y entre estos últimos, hay quienes leen La Transformación/metamorfosis como un libro más, y quienes, al despegar los ojos del libro, no vuelven a ver su  mundo con los mismos ojos.

Kristina Alexanderson en Flickr

Gracias a la lectura, no existe una fórmula para crear autores. Los autores de best-seller lo evidencian. Ellos mismos hablan sobre ellos -junto a sus lectores poco ambiciosos- pues saben que nadie más quiere molestarse. Hablan de trucos de magia para escribir, pues están en la cima de un pedestal que ellos mismos han inventado -o sus lectores-. Estos autores son mortales desde en el momento en que atrapan palabras y las estampan sobre una inocente página.

Los autores que se inventan a partir de palabras padecen una extraña relación con sus textos. Y la falta de imaginación ( esfuerzo) de los lectores del mundo, permite que existan varios libros atribuidos a una misma persona. En esas circunstancias, por un lado es creíble que Herman Melville haya escrito todos sus libros; y por otro, el autor de sus textos puede continuar vagando por el mundo, esperando encontrar una oreja atenta a su dictado. Cuando Melville escribe sobre Bartleby, es Bartleby quien inventa a Herman Melville. No a cualquiera; el Herman de Bartleby no es el Herman que todos conocen.

Retomando a Blanchot y la paradoja de una obra existente sin autor, y un autor que solamente existe a partir de ella, es posible cuestionar la pertenencia de los textos de Melville. ¿Son realmente suyos o en realidad pertenecen a las circunstancias en los cuales fueron creados? Mejor dicho, ¿por qué Bartleby inventó a Melville y no a otro autor? Porque ambos se han encontrado en la Nada, y de su encuentro, la novela es un testimonio indescifrable.

Se necesitaría otro Melville para desvelar, en la novela, las palabras de ese encuentro  memorable. ¿Cuál encuentro? Aquel que sugiere Blanchot, el diálogo entre dos voces: una que impulsa a escribir, otra que trata de contenerlo, haciéndole notar lo inútil de su trabajo. Una dice: No escribirás, seguirás siendo nada, guardarás silencio, desconocerás las palabras. La otra: Conoce sólo las palabras. Una necesidad, voluntad ajena a ambos, interrumpe su existencia y los atrae a la Nada, como se menciona constantemente en La literatura y el derecho a la muerte.

Vincepal en Flickr

Vincepal en Flickr

¿Lo escrito en la Nada se queda en la Nada? Evidentemente no: se hace público, y en este sentido, autor y obra se mezclan, conviven y desaparecen. La obra puede ser entendida como autora de su autor. El origen de esta dualidad de autores nace en el autor mismo, quien está escindido desde el momento en que escribe y se aparta de su texto. Aparece desde esa distinción entre el autor que crea, y el autor que habita al ser humano que vive, crea, y finalmente muere. Como es su derecho.

Fuentes:

Best sellers vs literatura: Un combate entre dos formas de usar las letras

Como he mencionado en algunos posts y cada cierto tiempo en mi cuenta de Twitter, estoy a favor de la creación literaria contemporánea; es decir, me gusta apoyar/animar/invitar a las personas que se animan a vivir esta gran experiencia de escribir.

Lo que me causa disgusto es el consumo de best-sellers, y recomendar sus lecturas, dejando atrás, haciendo a un lado (ignorando) a los clásicos, como si esos libros nunca hubiesen existido. Pero si los best-sellers les encantan y ya no quieren seguir leyendo este post, les dejo este enlace para que ‘hagan su propia novela al estilo de Dan Brown‘.

Y a continuación comparto algunos puntos interesantes en este tema, que encontré en un post que conocí en Google Plus (¡sí, Microliteraturas está en G+!). Lo que me encantó fue a forma de presentar el tema en cuestión. El post pertenece a Narratividad IHLM, y pueden leer el texto completo en este enlace.

Best sellers vs literatura 1 round. Presentación de los púgiles

En un extremo… El best seller: luminoso animal lleno de estimulantes historias que vive de la certeza absoluta, el mensaje entero, completo; la narración perfecta sin dobles sentidos. Quienes no dominan lenguas tienden a pensar en el best seller como el que vende mucho, pero están en un error. El best seller es el que vende mejor. Esto es, el artefacto de letras fabricado con el ánimo de gustar, ser deglutido y consumido con voracidad. Si el glutamato sódico pudiera ser leído, no habría best seller sin él. más ambiciosos lo llevarían. Y al otro… La literatura: oscuro enigma irresoluble que solo se completa con la intervención de quien lee, elaborado a base de experimentación. Bebe de otros enigmas irresolubles y solo cuando acumulamos unos cuantos de estos, en un vasto esfuerzo de acumulación de lecturas, adquieren cierto sentido. Los hay ácidos, salados, amargos, e incluso estúpidos. No ofrecen certezas sino preguntas. La insatisfacción que producen equivale a la curiosidad que despiertan, y nos llevan a leer más y más enigmas oscuros e irresolubles, con el fin de adivinar intenciones, crujir nuestras convicciones, edificar nuestras propias conclusiones.

2 round. Diferencias entre ambos conceptos

3 round. Suspendido por marrullería en la pelea

4 round. El público se emociona

¿Aprender narratividad es aprender a escribir best sellers? ¿Por qué confundimos lectura con literatura? ¿Es mejor la literatura que el best seller? ¿Dónde hay más obras maestras, entre los best sellers o en la literatura?

5 round. Tareas tras el combate. (A partir de un texto de Julio Cortázar).

6 round. Un texto literario, o best seller, dirigido a provocar el KO en púgiles y público. (Un texto de Osvaldo Lamborghini) Acá el post completo de Narratividad IHLM.

¿Este texto ha caído en sus manos espontáneamente?, o ¿ha sido el resultado de un ritual de convocación?

Empiezo este ensayo con la pregunta que no nos hace un texto, así como la obra es una respuesta a una pregunta inexistente. En ambos casos, la voluntad aparece como un juego: el texto depende del autor para existir, y al mismo tiempo, no es tal si todo el mundo la ignora. Algunos autores dicen ser los responsables de sus obras, como si ostentaran un título. A esos autores les gusta escribir y así se ganan su vida.

¿Su vida?, no, al contrario, con ese dinero adquieren productos a los cuales no tenían acceso. Y así se trasladan de una instancia creadora nativa del continuum, a una comercial. Otros, en cambio firman sus obras y las ponen a la venta con el recelo de perder una pertenencia. A veces obtienen una fortuna que no hace sino complicar su vida, y desnivelarla en contextos nunca pensados. Por desnivelación me refiero a que ellos, al momento de llamarse autores, están estableciendo claramente a dónde no pertenecen. Y obviamente, con el dinero, vuelven a colocarse sobre otros autores con menos dinero.

No quiero decir que estos sean todos los tipos de autores, apenas una mera clasificación. En tercera y última categoría están aquellos autores con el corazón o la mente escindidos. Estos autores difieren de los anteriores, por el simple hecho de sentirse a la vez culpables e irrelevantes sobre sus obras. Ellos se llaman escogidos, escogidos por la obra para existir. Dicen que ellos no la hicieron, que ella los escogió. Estos autores actúan como catalizadores de una instancia creadora del continuum hacia la sociedad.

En lo referente al texto, ¿existe sin el el lector o sin el autor? Dada mi explicación sobre los autores como mediadores, no hay texto sin lector. Así que la importancia o validez de una obra, son sus lecturas, no el número de lectores. Lector puede ser cualquier sujeto alfabetizado, pero una buena lectura aniquila totalmente al autor, y reproduce la obra. La obra es inmortal, está antes y después del autor.  Sin lector no.

Pierre menard solía llevar un cuaderno y hacer una alegre fogata. ¿Qué significa este absurdo de escribir y quemar? Puede refutar al lector (pues la obra ha sido y ha expirado) y al autor, la obra surge por su voluntad, y por lo mismo decide cuándo expirar.  En conclusión, el encuentro entre lector y texto es un juego de voluntades invitadas a jugar por el autor. Él solamente reparte unas cartas que nadie agradece. Es su juego, pero no puede jugarlo.

Dichos comentados

Una vez vi una convocatoria para escritores que debían comentar sobre dichos de la ciudad; de inmediato me desanimé, pues no me jacto de conocer mucho a la gente de esta ciudad. Ni a la ciudad. Una amiga quería participar, pero nunca nos pusimos de acuerdo sobre los dichos. Y con lo desmemoriado que soy, no sé si pasó una semana, o un mes, y me contactaron los de la convocatoria; había sido recomendado por un compañero de la U. Ellos me entregaban los dichos, y yo solo debía escribir al respecto. Entregué mi comentario del primer dicho, les gustó, y me dieron otros tres pero solo hice dos más; no conocía el último dicho. Fue una colaboración. Sé que ese libro debe andar en alguna librería, y será bastante grato encontrarlo, señalar mi nombre y tomarme una foto. No sé si escogieron todos mis comentarios, o solo uno, así que comparto los tres.

Más salado que calzoncillo de pescador

Si bien la mala suerte significa una contrariedad para el afectado, los demás siempre encontrarán el humor en la desgracia ajena. Esta actitud, que en apariencia podría resultar cruel, insensible, busca justamente lo contrario, pues, el comentario jocoso devuelve la sonrisa a quien, apenas hace un momento, se lamentaba. Quizás por esto, en lugar de usar términos relacionados con la desgracia y el infortunio, se usa la expresión ‘salado’ para señalar la falta de suerte. Más salado que calzoncillo de pescador expresa compadecimiento, no por cualquier persona salada, sino por alguien más salado que la prenda más íntima de un pescador.

No sea malito

El uso del diminutivo es una de las diversas características del habla quiteño. Según el tono de voz, puede significar afecto o burla. Además, tiene el poder de disminuir la agresividad de un insulto, e inclusive, transformarlo en algo cariñoso, como tontito. El diminutivo no se usa con cualquier persona, es una muestra de confianza, de aprecio. Por supuesto, hay personas demasiado amistosas, o demasiado confianzudas, y lo usan en casi todas las circunstancias de su vida. Pero el diminutivo también puede ser un recurso, una forma de convencer a un extraño para que nos conceda su favor. No sea malito es una forma de decir: por favor, sea bueno.

Orinar fuera del pilche

Que un hombre no apunte bien en el baño se puede deber a dos cosas: inspiración o falta de concentración. (Asumiendo que se encuentra saludable y el servicio higiénico es el adecuado). Inesperadamente le ha llegado la solución a sus problemas, ante lo cual la puntería es un tema irrelevante. Sin embargo, que no pueda concentrarse ni si quiera para apuntar durante unos segundos (o minutos en algunos casos), señala una gran falta de atención. Por esto, orinar fuera del pilche se usa cuando alguien actúa de manera contraria a la esperada, no por un arrebato de originalidad, sino por pura y simple distracción.

 

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¿Para qué escribo?

Pese a que los fines de la escritura pueden ser diversos, generalmente se escribe porque se tiene algo que contar. Es ese algo y la forma de contarlo lo que diferencia la experiencia de una persona de otra, un escritor de otro, un estilo de otro.

Con fines de la escritura me refiero a los objetivos personales de quien escribe. Es más específico si ocurre una sola vez, pero si escribir se vuelve frecuente, tarde o temprano aparece la pregunta: ¿para qué escribo?

Sé que es una preguntar personal, y la importancia de responderla radica en trascender. Si uno quiere escribir y dejar sus textos escondidos del resto del mundo, no hay nada de malo en ello. Eso sí, no puede clasificarse como un escritor propiamente, porque no hay escritor sin lector. Enseñar los textos es un riesgo que hay que correr eventualmente, y se debe aprender sacar lo mejor de todos los comentarios. Y digo todos, porque si uno se acostumbra a ignorar los comentarios negativos, dejará de cuestionar su escritura y creerá que ya no comete errores. El objetivo no es evitarlos sino aprender y cometer nuevos errores.

Cuando empecé a escribir lo hacía para mi familia y amigos. Luego tuve cierta conciencia social, y quería escribir para cambiar el mundo. También quise escribir para alcanzar una perfección estética, y finalmente quise retomar nuevamente lo de crear conciencia social. Por suerte, he superado esas etapas, y ahora tengo claro las razones por las que escribo: para hacer pensar al lector. No quiero decir que mis textos estén llenos de símbolos, listos para ser codificados. Nada de eso. Yo quiero que el lector reflexione a partir de los temas que cuestiono. Tan simple y complicado como eso. No hay temas intocables ni personas intocables.

Y claro, como no he podido evitar demasiado el contexto en el que vivo, he escrito contra el acto de votar, el actual presidente, el gobierno y la forma de gobernar; esos son los temas de los que no me puedo desapegar tanto como quisiera. Así no vea ni lea noticias, siempre hay algún pariente o amigo que me cuenta la más reciente estupidez del gobierno, y/o de la actual alcaldía. Eso sí, lo que siempre trato en esos microcuentos, es que puedan ser entendidos en otra parte. (Y cómo no van a serlo, si la política es prácticamente un malestar mundial).

Nota: cuando te preguntes para qué escribes, no dejes un texto a medias.

Si te preocupa que tus palabras no tienen la repercusión que esperas, no te preocupes: ser un best-seller tiene más méritos comerciales que literarios. ¡Mejor apuesta a ser un long-seller!

Si crees que la escritura no es lo tuyo, lleva tus textos a otras personas, y deja que sean los lectores quienes decidan.

Siempre busca más lectores, otros lectores, nuevos lectores :)