Microcuentos Tuiteros 59

Y cuando el árbol le devolvió el abrazo, dejó de llorar. El lápiz estaba triste, pero aún así dejó sonrisas a su paso. Había perdido la bicicleta pero no el rumbo. Alguien lo esperaba, tenía que llegar. Después del llanto, el bosque empezó a resultarle menos extraño, como un nuevo amigo. Estaba desnudo, y aún…