Jodidamente especial

La espiaba por costumbre, siempre sin tomar nota, siempre sorprendiéndome con su nombre. Nunca tuve la necesidad de recordarla. Compartíamos el hábitat, nada más. Fue… en un restaurante. Yo entré, ella se estaba acomodando en una silla. Después de reconocerla, salir hubiera sido una locura, así que salí. No nos conocimos por casualidad; lo mío más tenía de persecución que de ternura. Conocía sus costumbres y, como un ave de rapiña, me lanzaba junto a ella apenas la veía sola. Le silbé mis sentimientos pero nunca los entendió.
O quizás la había visto con anterioridad. ¡Qué inteligente!, exclamó al escuchar mi comentario sobre la película que estaba de moda. Yo no gusto de los halagos empecé a responder. Espera, me dijo, equivoqué el tono: Qué inteligente!
Me siento suave y oscuro, como un cachorro salvaje dormido sobre un escalón alfombrado y sin color. O ni eso. Me sentí especial… especialmente triste, y el cachorro que tengo al frente fue lo primero que encontré para compararme.

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Hace un momento dejé su casa. Por rastro quedó una desnudez apenas cubierta por los restos de una sábana, zapatos de taco alto, una falda larga, almohadas, un encendedor, recortes de revistas, y la sangre que ha estado cayendo de mi brazo desde la cama hasta acá. Al frente, el perro despierta, babea excitado por mis heridas. Los ojos se me cierran. No recuerdo cuándo el perro empezó a lamerme, pero apenas se lo llevan, sé que lo sacrificarán. A mí también me llevan, pero quiero salvar su vida. Me arrojo de la camilla, y les muestro el arma homicida.

 

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Foto de Coquí

Microcuentos Tuiteros 73

Cruce de miradas: En el futuro que él miraba había besos y salidas. Ella no veía ningún futuro, solo esperaba bajar del bus.

Parecía un sobreviviente, y se acercaron, hasta que la última capa de piel desapareció. Nadie pudo huir del extraterrestre.

La exhibición de humanos comenzó a perder su atractivo conforme perdía sus humanos: no se reproducían en cautiverio.

Se creyó que la sangre en la vasija era parte de un rito, no se sospechó que alguien murió tratando de salvarla.

A pesar de la fetidez y el hambre, los humanos afortunados eran los que permanecían un día más en la jaula.

Madhan R en Flickr

Pedazos y corazón

en esta caja están los latidos que te servirán algún día. ahora no. todavía correteas cualquier camino y sobrevuelas pequeñas zanjas en un salto. tu pequeño hocico, ya cansado de recorrer el mundo, te hará compañía subterránea. hoy tu pelaje inmortal se desprende con irregularidad, y tus pelos relucen incoloros en alguna parte.

tun-tun-tuun-tuuum-tun.

quizás estos latidos te buscan en medio de una tormenta de arena, recién salidos de una ansiedad de oasis. mientras alguna nación te persigue, pongo a salvo mi corazón para auxiliar tus heridas.

tun-tun-tuun-tuuum-tun.

estás saludable y fuerte, descansando frente a una cascada. te guardo mi último latido, para cuando falle tu aliento, y puedas volver a recorrer los pedazos del mundo.