Nos encontramos gracias al acoso. Cual buitre vegetariano, solía revolotear a su alrededor apenas reconocía su silueta. Le silbé sentimientos que jamás comprendió.
Yo creí haberla visto con anterioridad. ¡Qué inteligente!, exclamó al escucharme comentar. Yo no gusto de los halagos empecé a responder. -Espera, equivoqué el tono: Qué inteligente!
Suave y oscuro, cachorro salvaje dormido sobre un escalón gris. Ni eso: me sentí especial y ese perro fue lo primero que encontré para compararme.
