Microcuentos Tuiteros 45

Ante la burla de las demás brujas, empezó a acariciar su varita e imaginar el conjuro ideal para sus lenguas.

Cuando tropezó con las flores del jardín, supo que su noche como fantasma había terminado.

Parecía un niño recuperando su globo, pero era un adulto robando unas pantaletas.

Ni siquiera usó una varita, bastó su mirada para concretar el hechizo.

No guardaba un secreto de amor, simplemente, la amaba en secreto.

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