Un deseo

Imposible negar la realidad de la fantasía. Cuando reabrió la caja, el duende no se había marchado de allí. Ignorante de los límites del poder de un duende, pidió algo sencillo: dejar de usar lentes. La volvió a cerrar apenas el duende cumplió su deseo. Luego arrojó la llave, sin saber si se estaba deshaciendo de la tentación o de la felicidad.

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