Microcuentos Tuiteros 61

No usaba armas secretas, solo se ponía sobre la ley en secreto.

El robot no perdió la sonrisa mientras lo desarmaban. Había matado, había dejado de servir.

La había escuchado varias veces hacer silencio, pero esta vez era doloroso, era el último silencio.

La lluvia de cristales se convirtió en un espectáculo macabro. Ya no hubo sonrisas, la alegría se hizo dolor.

Se despidió de su familia, y al salir se quitó la peluca y el maquillaje. No era un payaso de circo. No robaba sonrisas.

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