Lector antes que escritor I

Como a mi madre, en su niñez, le prohibieron leer, quiso que yo lea desde bien pequeño.

Mi primer libro fue uno de plástico, resistente al agua, que ponían junto a mí cuando me bañaban en una tina. No creo que lo haya leído pero me imagino que jugué bastante con él. El primer libro que recuerdo haber leído, ya fuera del baño, es una versión ilustrada de Peter Pan. Era un libro grande, desgastado por la lectura y la relectura. Antes de aprender a leerlo, lo memoricé, y como mi mamá me leía pasando el dedo por las letras, yo hice lo mismo frente a mi tío, quien creyó que era un superdotado. Los años han desmentido esa creencia.

Como vivía en un ambiente rodeado de adultos, pasaba frecuentemente solo y leía mucho. Soloman es el primer libro que recuerdo haber leído. Nunca me gustaron las ilustraciones incluidas, pero la historia resultó fascinante, asombrosa, increíble. Otro libro memorable de esa época es Los casi bandidos que casi roban el sol. Nuevamente, los dibujos no fueron lo mejor, solo la historia fue genial.

Luego leí Una sarta de mentiras, libro que en aquel tiempo no pude aprovechar al máximo. Hoy, con solo recordarlo, me doy cuenta de las artimañas de ese libro: un personaje misterioso, intrigante, interesante, que se inventa historias, y cada historia es un cuento del libro. ¿Es un libro de cuentos o una novela? Pues prácticamente es un libro de cuentos con un hilo conductor: el sujeto que inventa las historias, y la familia que acoge al vagabundo y le permite trabajar en la tienda. Y al final… guau. Lo recomiendo.

De pequeño disfrutaba muchísimo ir a comprar libros. Entrar en una librería me hacía sonreír al instante; miraba los libros con muchas ansias. En esos tiempos, me ponía triste no poder llevarme toda un lote de libros prometedores. Pero me compraron la colección Cuenta Cuentos, realmente fabulosa, y creo que esa compra justifica todas las que no tuve. Lo que recuerdo de esa compra es que no fue en una librería, sino… en una especie de bodega. Eran libros grandes, con un empastado similar al de las tesis, ilustrado, a colores, y con dos cajas de cassettes.

Los libros que me compraban pertenecían a Torre Amarilla, y luego Torre Verde, colecciones infantiles y juveniles de Alfaguara. Unas me gustaron más que otra, y no creo haberme arrepentido de ninguna lectura. Supongo que también leí libros a petición de la escuela; no los recuerdo 😉

Todo lo que leí me preparó para escribir. Me ayudó a mejorar mi ortografía y mi sintaxis, a escoger mis primeros temas y tratarlos desde mi perspectiva. Con el tiempo aprendí que los libros no era infalibles. Ya hace algunos años que escribo, y me gusta decir que empecé como lector. Si no hubiera mejorado mi gusto de libros, seguramente mis textos serían soporíferos; dulcemente soporíferos.

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