Microcuentos Tuiteros 66

Lo miró de reojo, pasó a su lado, regresó. Luego lo miró con desconfianza, sin pestañear. Y el libro empezó a temblar.

Y tras terminar la botella, el ángel exterminador por fin dejó el bar, recogió sus armas, volvió al trabajo.

Las estrellas reflejadas en el charco estaban cerca, aparentemente más cerca, frágiles y solubles.

A veces a la luna también se le iba una lágrima, mojaba al hombre. En seguida daba paso al sol.

Las manzanas cayeron sobre las hormigas, pero ninguna pudo invadir el hormiguero.

Helga Birna Jónasdóttir en Flickr

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