Anónima

Tenía la mano en la puerta cuando decidió regresar a la fiesta. Contó cada paso de regreso para recuperar la noción del tiempo. En cada pisada había docenas de hombres asesinados en noticieros y películas. 9, 10, 11… El baño debe estar cerca de aquí. Lo halló antes de alcanzar los 30 pasos. Una vez en el baño, recordó que llevaba tacos y que los pies le dolían. Entonces se encendieron sus sentidos. Le llegó la pestilencia del lugar, los sudores de la fiesta, el ruido… Se puso frente al espejo, apoyando las manos en el lavamanos. Sus tacos negros estaban bien, la falda negra estaba en su puesto, también la blusa. Contempló sus pulseras durante un momento. Cuando se abrió a puerta, automáticamente empezó a lavarse las manos. No hacía falta, no había sangre en ellas. Solo tenía el cabello un poco alborotado, como si hubiese pasado la noche entera bailando. Dejó escapar una pequeña risa y ella también huyó por la puerta, volvió al anonimato.

Marceau R en Flickr

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