Microcuentos Tuiteros 74

La guitarra salió volando, la música ya no era suficiente.

Congelado el lago, toda la vida huía de él. Estaba abandonado pero reluciente.

Era normal y feliz: vivía en su propio infierno, y al salir del cuarto comprobaba que el resto del mundo vivía en paz.

Lo miró y sintió su mirada. Rieron al tocarse. Años después, el niño olvidaría su primer encuentro con un árbol.

Un remolino pequeño por allá, otro por acá, hizo ráfagas y corrientes pero el viento no pudo devolver las hojas al árbol.

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