De la falta de orgullo por ser periodista

Si usted ama el periodismo, probablemente le guste García Márquez, así que le dejo este enlace sobre Márquez y la crónica, para que no desperdicie su tiempo en este post.

Y ahora regresemos al título de esta entrada: “De la falta de orgullo por ser periodista”. Analicemos la frase. En primer lugar, orgullo es una palabra que, personalmente, prefiero evitar.  Es un sentimiento/sensación que no comparto. Cuando tengo éxito o recibo felicitaciones me siento feliz, no orgulloso. Mi sentimiento no cambia cuando no me felicitan, pues yo sé cuánto me he esforzado. O no, pues hay trabajos que me resultan fáciles; algo he aprendido en este cuarto de siglo.

Y como si el orgullo no me causase suficientes problemas, además está el periodismo, el cual fue mi única opción en la universidad, pues solo estaba seguro de que no quería estudiar Literatura. La Literatura me encanta, pero solo ahora me planteo seguir un posgrado de Literatura; en ese entonces, tenía miedo de quedarme sin empleo. (Y como a la vida le encanta burlarse de nosotros, hoy trabajo como profesor de Lengua y además soy corrector de textos. Podría hablar más sobre el tema, pero esto iba del periodismo).

Hablo de falta de orgullo porque en esas ocasiones excepcionales, en las que dos personas se turnaba para hablar y escuchar, me preguntan qué estudié en la universidad, o directamente me preguntan si estudié periodismo. Y yo generalmente bajo la cabeza y respondo que sí, y empiezo a explicar las circunstancias previamente mencionadas.

En conclusión: yo llegué al periodismo por casualidad. La redacción, la consciencia social, y el asombro y la interrogación los adquirí leyendo y aprendiendo de la vida, no estudiando periodismo.

(Y si se preguntan de qué hice mi tesis, quizás el tema los tome por sorpresa: un análisis comparativo de dos películas sobre vampiros: Nosferatu y Crepúsculo. Académicamente, pienso que hay varios aspectos en los que se podía haber profundizado. Como lectura, es una disertación bastante entretenida. No, no leí Crepúsculo, y confieso que después de ver el filme varias veces empecé a tener ganas de ver los otros filmes de la saga. Afortunadamente, ya se me pasó).

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