Interpretación de la séptima estrofa del poema Alturas de Machu Picchu

Texto para un trabajo universitario.

Nuevamente enfrento un poema, y repito mi falta de preparación para la poesía. Siendo más especializado en narrativa que lírica, llego a la poesía con cierto disgusto, pues no tengo poetas preferidos pero sí poemas. Y en ninguna categoría encaja Pablo Neruda. El enfoque de este ensayo, no será odiar o amar al poeta. Voy a interpretar la estrofa VII de Alturas de Machu Picchu, y expresar mi nueva apreciación de Neruda.

La temática de la estrofa 7 está precedida por elementos anacrónicos, los cuales construyen un imaginario urbano en decadencia, del cual se rescata una naturaleza milenaria. La urbanidad es moneda, autobús, suburbio, y se cruza con una vegetación llena de nostalgia. Por ejemplo al final de la segunda estrofa: ¿Qué era el hombre? En qué parte de su conversación abiertaentre los almacenes y los silbidos, en cuál de sus movimientos metálicos vivía lo indestructible, lo imperecedero, la vida? Cuando un hombre muere, quienes lo conocían –un poco más, un poco menos- conversan sobre él, cuentan sus historias, y con este diálogo polifónico, el difunto emerge, una vez más entre los vivos. En la estrofa mencionada, la muerte deja ser un canto, expresión con una mínima dosis de alegría, y se vuelve un lamento con una lógica de la desgracia: (…)al tamañode vuestra magnitudvino la verdadera, la más abrasadoramuerte(…)(…)os desplomasteis como en un otoño,en una sola muerte.

Nada más concordante: una gran civilización merece una muerte a su medida. Desplomada en un otoño, como hojas arrasadas por el viento, hacia una sola muerte, un solo crimen: genocidio. La séptima estrofa sugiere la forma de exterminar a las culturas prehispánicas: se las extinguió como a una plaga, sin piedad. Plaga que, ante ojos españoles, era un impedimento hacia el oro. Cegados por la ambición, descartaron la sabiduría andina. Sabiduría sugerida en la voz poética, la cual parece preguntar: ¿cómo una civilización tan avanzada, bien dirigida y estructurada, pudo haber desaparecido de la tierra? Nuestra ignorancia al respecto, es aliviada en parte, al descubrir piedras (otra  forma de memoria), ruinas engendradas por manos sabias, manos autóctonas, cuyo rastro es casi imperceptible. Y ¿cómo es ahora? Hoy el aire vacío ya no llora, ya no conoce vuestros pies de arcilla, ya olvidó vuestros cántaros que filtraban el cielocuando lo derramaban los cuchillos del rayo, El llanto del aire ha callado, la tristeza ha logrado impregnarse en la tierra y la carne.

Pequeña paradoja, pues en ese decir que el aire vacío ya no llora, la persona poética demuestra lo contrario: si esas lágrimas y pies hubiesen sido olvidados, no se las mencionaría. La cultura fue enterrada con la gente indígena: cuanto fuisteis cayó: costumbres, sílabas raídas, máscaras de luz deslumbradora. Uno de los vestigios de esta cultura hundida son sus ruinas sobrevivientes. Y profanadas por el descubridor de Machu Picchu. Aparte de algunos utensilios, y joyas de oro, queda la interrogante: ¿qué más falta en Machu Picchu? La relevancia de las ruinas es inenarrable: ellas fueron, son, y, si el calentamiento global continúa causando estragos, muy pronto se encontrarán en restauración. (Lo cual puede ocurrir sin necesidad de ningún desastre natural, sino por turistas de higiene cuestionable).

Delante de las montañas, atrapado en esa paz, el silencio es mortal si se piensa en los muertos y la vida inexistente: los que fueron, están presentes en el silencio: una vida de piedra después de tantas vidas. Para concluir, Pablo Neruda se basó en su impresión de Machu Picchu para escribir Alturas de Machu Picchu. El grupo chileno Los Jaivas tomó el poema y lo musicalizó en un álbum homónimo.

No todas las personas salen ilesas de Machu Picchu. Al menos, no las de sensibilidad común. No se puede culpar a Neruda por haber creado tal poema. Quizás, fue como turista y regresó con una identidad perturbada. Las piedras, el viento, el agua, son elementos fácilmente relacionables al aspecto físico de la ciudad. Para la estructura, ubicación y sistemas de agricultura. Pero lo que no se dice, es la vida de los habitantes, de rastros apenas deducibles, y con experiencias listas para ser imaginadas por quienes tienen la posibilidad de conocer su hogar, respirar su aire y conocer su suelo. El poema es un puente hacia Machi Picchu. Un puente cargado de vértigo: al acabar de leerlo, uno se siente extraño al tener ante sí una vida increíble, una cultura maravillosa, una vida de piedra después de tantas vidas.

¿Sin comentarios?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s