Ante todo lo humano (parte 1)

Primera parte de un ensayo basado en Doctor Zhivago. Lo leí en “Seminario de Literatura Extranjera II”, cuya profesora tenía el sobrenombre de Aburritova. No era que las clases empezaban en las frías mañanas, ni que la clase tenía menos de diez estudiantes. Era el tono. Decía cosas muy interesantes, las recomendaciones de libros fueron excelentes pero la voz con la que lo decía… terminaba adormeciéndonos. En fin, le agradezco muchísimo el haber leído Maestro y Margarita.

Comúnmente se piensa que el escritor es, en lo principal, un ser intelectual. La culpa la tiene el crítico, supuesto intermediario entre el libro y el lector.  Basándome en mi experiencia de lectura y escritura, sé que el escritor es excepcional en ciertos casos. Por ejemplo, muchas personas se sienten más literarias, creativas tras el consumo de alguna droga, pero eso no garantiza la buena calidad del texto. William Burroughs consumió no una sino varias sustancias psicotrópicas, y a pesar del aparente desorden de sus narraciones, éstas siempre mantenían algún sentido. ¿Burroughs era un genio? No, simplemente un ser humano, nada más, pero nada menos.

Oliver Hammond en Flickr

Boris Pazternack también fue un ser humano, con una sensibilidad que lo distinguía entre otros humanos. Su sensibilidad, y la forma de transmitirla mediante palabras, lo hace destacar como escritor. Si se hubiese expresado de otra forma, también se lo habría conocido, pues se mentendría su manera de sentir, y quien conociera su obra, se seguiría sorprendiendo, a pesar de compartir el mismo mundo.

Doctor Zhivago es una gran novela, cualitativa y cuantitativamente hablando. Al leerla, uno se vuelve confidente, testigo de los acontecimientos, de Yura sobre todo, y también de otros personajes. Mientras se lee y se lleva el libro a todas partes, se tiene la impresión de llevar una Rusia portátil bajo el brazo. La novela cuenta un momento histórico de Rusia, bajo la excusa de una historia de amor, entre otros temas. Transcurre entre asombrosos paisajes, humanos y naturales.

La naturaleza de los ambientes se presenta a lo largo de toda la narración, como característica poética de Pazternack. Por ejemplo, cuando presenta la población donde trabajan Yuri y Larissa. (Suponiendo que la traducción es buena, y no pretende ser literal sino acercarse bastante a la intención del autor): La pequeña ciudad se llamaba Beliuzeieb. Situada sobre las tierras negras. Como una nube de langostas planeaba encima de ella el polvo que levantaban las tropas y los convoyes que cruzaban a gran velocidad. De la mañana a la noche era un movimiento en dos sentidos: Hacia al frente, lejos del frente, en verdad no se podrá decir si la guerra continuaba así o si había terminado.

Tammisto en Flickr

La otra naturaleza, la humana, está presente de manera más tangible en los actos y deseos de los personajes, y su involucramiento con el ambiente político donde viven y mueren. Se siente una pesadez porque, involuntariamente, toman parte en una revolución inevitable. Su magnitud es asombrosa, considerando el tamaño del territorio ruso, y ver cómo se trata de escapar de ella… tarea imposible. Ella es omnipresente, con más o menos fuerza en algunos sitios, pero siempre está, entre quejas y lamentos sobre la vida y la muerte en su interior.

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