Cuando el dinero atraviesa al ser humano (parte 2)

Por acá la parte 1 del ensayo.

Otro de los motivos del viaje es también alejarse de Duniasha, quien es un recuerdo vivo de la nueva clase social trabajadora. Con o sin intención, las formas de actuar Duniasha confrontan a Andréievna, acostumbrada a una servidumbre visiblemente inferior, y desprestigiada a nivel social. Este acontecimiento no es un hecho aislado de la Historia Rusa, pues justamente, en la transición del siglo XIX al XX es cuando la aristocracia comienza a ser desplazada por una nueva burguesía, nacida en la clase obrera, cuya fortuna se debía al trabajo y no la herencia.

Como actores sociales contrapuestos a Andréievna, están Yasha y Lopajín. El uno, es un trabajador corrompido por las ofertas de su nueva situación económica. El otro, es un nuevo rico, con un comportamiento amigable, y un trato humilde pero tosco. El más rico y viene de la pobreza; representa a la nueva clase media rusa. Si Andréievna representa la aristócrata acostumbrada al lujo, a la vagancia y al confort, Yasha hereda esas maneras y hace lo posible para desentenderse de ellas, hasta resultar desagradable.

Lopajín en cambio conserva el aspecto exterior del aristócrata tradicional, pero su personalidad es, a la vista, la de un bonachón con dinero. Su sentido de mercader se refleja en su visión a futuro, marcada por la prosperidad económica. En estos tres personajes está marcada una relación sentimental con la plata. Andréievna no lo declara, pero además de su hijo también extraña el orgullo que le daba su clase; un orgullo que la exoneraba de mirar altivamente y gastar su fortuna en tonterías. Fortuna desde luego, obtenida por medio del aprovechamiento y la usura, pues no menciona que trabaje en algo. Añora tanto este orgullo, que se siente obligada a dar una limosna exagerada, y a contratar una banda, justo cuando la familia no está en las mejores condiciones.Al parecer las emociones gobiernan a Andréievna, pero no ha perdido la razón en lo que administrar dinero se refiere; da limosna, no por compasión, caridad,  sino porque eso se espera de la gente de su clase.

Luigi Alesi en Flickr
Luigi Alesi en Flickr

Lopajín, un acto aparentemente caritativo y bondadoso, compra el jardín de cerezos de la familia Ranévskaia. Inclusive hay preludio festivo antes de conocer las verdaderas intenciones de la compra. Resulta desconcertante saber que Lopajín compró el jardín en beneficio propio. Es el destructor del orgullo de la familia, con la buena intención de hacerlo: no existía (no se planteó) otra solución al pago de las deudas de la familia. Y su acto ni siquiera despierta la irritación o el odio de la familia Ranévskaia. (Lo cual, inclusive en la mente del lector despistado, le recuerda lo hilarante de la obra). La pérdida del jardín otorga a Andréievna una paz que fue incapaz de ver, o siquiera buscar en las pocas sugerencias que le hicieron al enterarse de su deuda. (Se nombra la posibilidad de pedir dinero a la abuela, pero poco a poco la conversación se bifurca hacia cualquier tema).

El dinero atraviesa la naturaleza humana y descubre a la persona liberándola de etiquetas. Cuando la persona enfrenta una crisis, tiene una tribulación, atrás quedan las etiquetas que la designaban. No importa si fue millonario, si tuvo tal o cual nacionalidad, si hizo o dejo de hacer. Lo que queda es la persona y apenas una palabra que la describa: ridícula. Por esto El jardín de los cerezos es comedia pura: su personaje principal es ridícula, sus extravagancias inducen a la risa.

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