Microcuentos Tuiteros 100 (edición especial)

100 microcuentos ya… hay que hablar al respecto.

La verdad, la entrada número 100 de microcuentos tuiteros me coge por sorpresa. Casi. Yo compilo los microcuentos de mi cronología y los posteo poco a poco. Y de repente llega el número 100… y por allá veo un 101… en blanco, ambicioso. Debo remediar eso y escribir más microcuentos. Me descuidé, es cierto. Como mencioné anteriormente, mi prioridad es publicar este año, y he pasado más tiempo del habitual corrigiendo corrigiéndome. En fin. Comparto mis nuevos microcuentos favoritos. (Por acá la Edición 50).

 

Distopía

A pesar de que el color y la temperatura eran adecuados, los humanos sabían que eso no era el sol.

Había seguido las instrucciones al pie de la letra. Con las fibras adecuadas, el caballo mecánico luciría menos mecánico.

No es un faro, respondió su padre, es la luz que se enciende en memoria de la Luna.

En su sueño, el portador del sol no andaba a cuatro sino a dos patas. En la realidad, el sol era puro recuerdo.

Entre el beso azul y la rosa, escogió el beso: era lo más parecido al cielo de antaño.

 

Naturaleza

Ahora era un mueble con un florero encima, una flora insignificante comparada con la del bosque.

Escuchaba el aullido de los lobos pero ya no los entendía, era un hombre, los restos de un hombre.

Lo miró y sintió su mirada. Rieron al tocarse. Años después, el niño olvidaría su primer encuentro con un árbol.

 

De vampiras

Para la vampira, la sangre exótica venía envasada en turistas.

Sonreía, tenía cierta inocencia en sus ojos pero la sangre en sus labios delataba su crimen.

Al final la vanidad era más fuerte, y la vampira terminaba sacando el espejo para retocarse.

-La oscuridad despierta tus sentidos-… A mí me despierta el apetito, exclamó la vampira, y le dio un último beso.

 

Humanos

De tanta soledad, el espejo empezó a perder el brillo.

Finalmente se derrumbó la montaña, y todos los turistas cayeron con ella.

Mientras se maquilla la amargura desaparece del espejo. En un par de horas volverá a salir de Hado Rosado.

Estaba dispuesto a terminar su vida. No sabía cómo, pero estaba decidido. Una brisa le echó la vida en la cara. Y no murió.

Por un instante se preguntó si estaba obrando bien o mal. Luego se puso el casco, tomó su espada, y dejó de pensar tonterías.

 

Musicales

A veces la trompeta empezaba a improvisar por su cuenta, y su humano la perseguía para guardar el secreto.

No era cuestión de afinación: estaba triste, y se lo contagiaba a la guitarra.

Por el bien de la música, la flauta atrapó la lengua del flautista desafinado.

Piano: Su mundo era blanco y negro hasta que llegaba el pianista y le arrancaba colores y paisajes.

No roncaba, era la música sin cantar, luchando por salir.

Primero perdió el color, luego el sonido… De la cajita musical solo quedó la cajita.

 

De libros

“Si alguien tiene que hacerlo, seré yo quien termine contigo”. Y el libro acabó con su lector.

Iba a coger el libro, pero él la atrapó primero, y su portada se hizo más roja.

No alcanzó a cruzar, y la hoja en blanco se quedó esperando a su escritor.

La mano fue hacia un lado, la cabeza al otro; los lentes permanecieron en su sitio. La lectora dormida y el villano vivo.

Escribía para sobrevivir. De no hacerlo, el que firmaba los libros le cortaría un dedo. Le quedaban siete.

 

De animales

Sabía que podía conseguir otro, que de todas formas solo lo había conocido por un día… No pudo despedirse de su cachorro.

La gente no se inmutó. Echaron la culpa de los sonidos y el movimiento del basurero a las ratas. Nadie rescató al cachorro.

No era que a la tortuga le faltaban ganas para jugar, el parque le quedaba demasiado lejos.

Al final de las risas y cuando nadie mira, desvisten al hipopótamo y le vuelven a colocar las cadenas.

Llamada de socorro: De repente la tela no resistió, y el elefante se quedó sin palabras.

 

Fantásticos

Ni tempestad ni aproximación de luna: simplemente el mar reclamando sus vírgenes.

Y cuando el rojo quiere bailar, finalmente el pétalo se arranca de la rosa.

Con la noche llegó la luna, el hombre se hizo lobo, y al fin pudo salir de la jaula.

Como no hay escalera a la luna, conserva la cordura hasta subir al último piso.

A veces la luna lucía aterradora, y él huía de sus tentáculos, de sus temibles rayos blancos. A veces estaba sobrio.

La pierna se elevó en el aire, dio un giro, y cayó lejos, lejos de su dueño.

Entre aullido y aullido, la luna se fue desvaneciendo y del lobo apenas quedó un hombre.

 

De Amor

Tenía el abrazo preparado, tibio, amoroso, pero la timidez fue más fuerte, y quedó paralizado de amor.

La bruja apenas hizo nada y ya lo tenía hechizado. Lo difícil fue quitarlo de encima.

No me di cuenta de mi soledad hasta que ella me abrazó y me dejó extrañándola.

 

Cine

Y conforme se alejaba de la sala de cine, sus ganas de cambiar el mundo desaparecían.

Se quedó en la butaca con pretextos de sueño. Su temor por la realidad había regresado.

 

Muerte

Las estrellas comenzaron a oscurecerse, ¿era eso posible? Y se volvieron más oscuras mientras se hundía.

Y tras terminar la botella, el ángel exterminador por fin dejó el bar, recogió sus armas, volvió al trabajo.

Una vez en su sitio, la espada se sintió más tranquila. Había saciado su sed de sangre, nadie extrañaría a la hormiga.

 

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